martes, 7 de junio de 2016

En busca del autor perdido


Hace un par de años leí un libro titulado Famous Affinities of History,  que es una colección de ensayos sobre historias de amor legendarias:  Marco Antonio y Cleopatra, la reina Isabel y el conde de Leicester, Charles Dickens y Ellen Ternan, Victor Hugo y Juliette Drouet, y muchas otras.

El libro es muy ameno, y nos da una interesante visión del carácter de cada personaje, pero sin  detalles impertinentes. Al contrario, el estilo es elegante, sobrio y con un cierto tono de misterio que hace la lectura absorbente.
El autor de esta obra se llama Lyndon Orr (1856-1914), de quien yo no tenía noticia en absoluto. Y al parecer no era la única, pues busqué información sobre él y no encontré nada.

Sí vi  muchas páginas  donde comprar o leer el libro, que, por cierto, parecía ser el único que este autor había escrito. Pero aparte de esto no encontré ningún dato sobre su persona, salvo las fechas de nacimiento y muerte, que figuran junto a su nombre en las referencias de la obra.

En su momento, por la razón que fuese, abandoné mis pesquisas, pero hace unos días, al repasar el libro, pensé que era muy extraño que no hubiese ninguna información sobre el autor de una obra que se encuentra en la red tan fácilmente. Así que me puse a buscar de nuevo.

Y de nuevo encontré muchos resultados para adquirir, leer e incluso escuchar el libro,  y  algunos otros que  llevaban a personas llamadas también Lyndon Orr pero que no tenían nada que ver con el escritor. Y vi también un resultado que me sorprendió: era un artículo de Wikipedia sobre un tal Harry Thurston Peck. ¿Qué tendría que ver este mister Peck con Lyndon Orr para que saliera su nombre en mi búsqueda? 
Leí el artículo en seguida, pero no había en él ni la menor referencia a Lyndon Orr. ¿Sería aquello un error wikipédico, un enlace equivocado? Me parecía difícil, pero si no era un error, ¿por qué aparecía  “Harry Thurston Peck” al buscar  “Lyndon Orr” si al parecer no había entre ellos niguna relación?

Entonces probé a buscar en Google los dos nombres juntos, y llegué así un sitio en el que aparecía una ficha  del libro en la que leí: Author: Lyndon Orr, Harry Thurston Peck.
“¡Cáspita!”, me dije,  “¿entonces es que Famous Affinities of History es de autoría conjunta?” Pero si fuese así,  ¿por qué en todas las ediciones y referencias que he visto del libro sólo aparece Lyndon Orr como autor?
¿Y  por qué tampoco en el artículo de Wikipedia ni en otras reseñas biográficas que leí sobre Peck se mencionaba tal colaboración?

Entonces pensé en otra posibilidad: Harry Thurston  Peck debía de ser el editor de Lyndon Orr. No en vano  había leído que Peck fue, entre otras cosas, editor.
Pero otra vez me equivocaba.

El caso es que al leer la biografía de Harry Thurston Peck quedé un tanto impresionada, por lo que abandoné momentáneamente mis indagaciones sobre Lyndon Orr para dedicarle mi atención a Peck. Porque resulta que H. T. Peck fue una especie de genio literario caído en desgracia.

Nació en Connecticut en 1856 y fue un estudiante brillante que se formó en París, Berlín, Roma y la universidad de Columbia. Y tras graduarse, en 1888, se convirtió en prestigioso catedrático de latín de la misma universidad. Además colaboraba en periódicos y revistas, escribió numerosas obras propias y fue también traductor, crítico y editor. Era muy respetado y admirado en el mundo académico y periodístico; fue un afamado orador y un escritor muy reconocido en los círculos literarios.

Pero en 1908 todo empezó a cambiar para mal. Su esposa lo acusó de abandono, por el mucho tiempo que dedicaba al trabajo, y se divorció de él. Dos años después,  cuando iba a casarse por segunda vez, su secretaria lo denunció por haber roto su promesa de matrimonio con ella para casarse con Elizabeth du Bois. Peck negó esa promesa de matrimonio que alegaba la secretaria, pero la prensa difundió el asunto, sin importar que fuese verdad o no. Además se publicaron unas cartas de amor presentadas por la secretaria, aunque él insistía en que tales cartas no eran suyas.

A causa de este escándalo Peck fue expulsado de la universidad. Y aunque finalmente la demanda de la secretaria fue desestimada por el tribunal,  la reputación del profesor ya estaba manchada para siempre.
Abandonado por Elizabeth du Bois, arruinado, enfermo e ignorado por sus colegas, Peck sobrevivía con trabajos ocasionales de poca importancia y residía en una modesta habitación, alquilada para él por su primera esposa.
Su estado físico y psicológico llegó a tal grado de debilitación que el 23 de marzo de 1914 Harry Thurston Peck se suicidó de un disparo en la cabeza.

Pero esta triste historia de injusticia y traición no me hizo olvidar lo que me llevó hasta ella: mi búsqueda de Lyndon Orr, búsqueda que hasta el momento sólo me había permitido conocer sus fechas de nacimiento y muerte. 
No sé si ustedes han reparado en un detalle que yo tardé en observar, y es que las fechas de Peck y Orr son las mismas: 1856-1914.
¿Sería éste el motivo por el que los enlaces de internet llevan a Peck cuando se busca a Orr? 
Creo que Google funciona demasiado bien como para eso, así que entonces  ya sólo cabía una posibilidad: que Lyndon Orr y Harry Thurston Peck fuesen la misma persona.

Y esta idea fue cobrando fuerza en mí cuando caí en la cuenta de que había leído, en alguno de los artículos consultados, que Peck escribió a veces utilizando seudónimos. Y también cuando comprobé  que Famous Affinities of History, el libro que dio origen a toda esta pesquisa, fue publicado en 1914, es decir, que fue escrito cuando el nombre de Harry Thurston Peck  ya estaba desprestigiado. Sin duda por ello decidió publicarlo con seudónimo, o se vio obligado a ello.

Y con esta idea en mente, realicé otra búsqueda con nuevos parámetros, esperando confirmar mi teoría.
Y efectivamente, llegué hasta un foro  cuyos responsables se  habían enredado en la misma intriga que yo, y que, después de "mucho trabajo detectivesco", habían finalmente hallado la clave en un artículo del Marion Daily Star del 13 de abril de 1911; artículo en el que se dice que “…Lyndon Orr, que escribe de forma tan amena, y quizás sincera, sobre los grandes romances de la historia, es en realidad el catedrático Harry Thurston Peck”. 

Después, para terminar de confirmar la resolución del caso, encontré un sitio en el que, como autor del libro, figura el nombre de Peck entre paréntesis después del de Lyndon Orr; y otro en el que se especifica “Lyndon Orr pseudonym of Harry Thurston Peck”.

Con el  misterio de la identidad de Lyndon Orr ya resuelto, me paro a pensar y me parece que ésta es una de esas historias que leídas en una novela resultan dramáticas y lacrimógenas. Pero que siendo un caso real, enfada y conmueve.
Y me conmueve no sólo la historia en sí, sino el hecho de que este hombre, que lo había perdido absolutamente todo por culpa de un asunto parecido al amor, tuviese aún aliento para escribir precisamente sobre grandes y apasionados romances.
Quizá es que lo único que no perdió, a pesar de todo,  fue la fe en el amor.


Artículo de prensa de 1914 sobre el suicidio de Peck.


16 comentarios:

Chaly Vera dijo...

Yo lo sospeche desde el principio.

Abrazos

Macondo dijo...

Tan interesante como bien contada. Realmente has conseguido engancharme desde el principio hasta el final.

Un paseante dijo...

Dos historias paralelas, y ambas arrebatadoras: un personaje "oculto" tras un nombre ficticio, con una historia dramática y una pequeña obra que embruja a unos cuantos lectores. Y como consecuencia, algunos de esos lectores os enfrascáis en la tarea de localizar al personaje y, de algún modo, rescatar su memoria.

Es un proceso que ya ha sido relatado más de una vez como novela, pero resulta emocionante que también en la vida real ocurra de vez en cuando. Y no solo en el mundo de las letras, porque también hay algunas grabaciones, algunos discos con historias sorprendentes detrás; y cuadros, y esculturas, y las correspondientes historias no escritas que por desgracia nunca conoceremos sobre sus autores...

Qué gran verdad esa de que a veces la realidad supera a la ficción...

Sara dijo...

¡¡¡Qué tensión!!! Has logrado tenerme en ascuas todo el tiempo; aunque, conforme avanzaba la narración -y como dice Chaly- ya me iba oliendo el desenlace. Pero tu forma de contarlo... ¡¡¡GENIAL!!! Un diez.

Besitos.

Ángeles dijo...


Me alegro por ti, Chaly.
Gracias.


Qué bien, Macondo, me alegra mucho que me digas eso.
Thank you!


Muchas gracias, Paseante.
Lo has dicho muy bien: el libro sirvió de motivación para buscar al autor y de paso rescatar su memoria. Sobre todo cuando fue tan injustamente tratado.

Y en efecto, hay muchos casos similares, tanto en la ficción como en la realidad. Por eso yo suelo decir que la ficción es la realidad disfrada de mentira.

Un saludo.


Qué bien, Sara, me encata haberte intrigado un poco :)
Ya suponía yo que los sagaces lectores de este blog "se olerían el desenlace” más pronto que tarde, por eso lo importante es que la narración os haya gustado.

Muchas gracias!
Besitos.

guille dijo...

Siete cosas:

Uno: Ya está decidido, te elijo como mi detective privada personal para cuando quiera encontrar algo.

Dos: Me encanta lo que -para mi- ya es tu legendaria curiosidad. Y tu eres la prueba viviente que la curiosidad es la semilla del saber.

Tres: Además -y eso se acerca ya a abusar- lo escribes de una manera que atrapas.

Cuatro: Me gusta el tipo, me gusta que los avatares de la vida no le hagan rendirse, ni renunciar.

Cinco: Menos mal que vivimos a caballo entre el siglo XX y el XXI, porque si lo de ese tipo le arruina la reputación, lo mío debe ser de hoguera.

Seis: ¿Te imaginas un Peck moderno contando los amores de los rockeros, actores, cantantes y modelos?

Siete: No hay siete pero me gusta el numero.

JuanRa Diablo dijo...

¡Una entrada de corte detectivesco! Y, oye, ¡que has conseguido que los ojos se me llenaran de intriga!

Me ha gustado que compartas esta historia con nosotros, pero sobre todo la forma en que la has contado.

Como decíamos hace poco, en Internet está TODO, y si no está, es que no existe :D
Pero, claro, muchas veces está de aquella manera, revuelto y por cajones separados.
Solo cuando uno tiene verdadero interés por el conocimiento consigue dar con las claves de búsqueda, como te ha ocurrido a ti.

Y lo mejor es que con tu entrada has contribuido a despejar los caminos que llevan a saber que el pobre Lyndon Orr era aquel admirado Harry Thuston Peck. Ya se encargará Google de que otros curiosos lleguen a la verdad empujados por "el viento".

*entangled* dijo...

Esas excursiones por el mundo de la literatura desconocida me recuerdan una por la que pasé hace ya algunos años.

Encontré el libro Le Grand Meaulnes, del cual no sabía nada, citado por John Fowles como una de sus fuentes de inspiración y sin dudarlo, pedí el libro en Amazon de Francia. Atónito por lo que acababa de leer, investigué algo más sobre su autor, Alain-Fournier. Y al igual que en el caso que relatas, su vida fue en sí misma una novela extraordinaria.

El libro está basado en un hecho real, un breve episodio de su juventud que le marcó para siempre. Fue autor de un solo libro, lógico dada la temprana edad de su muerte en Saint-Remy-la-Calonne, cerca de Verdun. Fue una de las primeras bajas de la Primera Guerra Mundial. Se cree que fue enterrado en una fosa común, donde se le ha tratado de localizar sin éxito. Su novela fue lectura obligada en muchos colegios franceses, y sin duda, fuente de inspiración de más de un narrador contemporáneo.

Incluso existe una ruta turística que recorre los parajes descritos en su novela, y que siempre he pensado hacer algún día, con la absurda pretensión de encontrar en alguna parte el espíritu de Yvonne de Galais.

Saludos.

Ángeles dijo...


Muchas gracias, Guille. Me gustan mucho los siete puntos, pero en especial los tres primeros, fíjate qué curioso :D

Y el sexto prefiero no imaginarlo. Creo que ni un talento como el de Peck podría hacer nada intresante con semejante material.

Thanks again!


“Los ojos llenos de intriga”, qué bonito, JuanRa :)

Parece que sí, que todo está en internet, y a veces la tarea de encontrar el tesoro escondido es tan interesante que resulta un aliciente añadido al hecho mismo de hallar el tesoro. Sobre todo si por el camino van apareciendo otros tesoros que no esperábamos.

Gracias!


*entangled*, no conocía a Alain-Fournier, pero me ha me ha interesado lo que cuentas. Y tu “absurda pretensión” me ha parecido tan bonita que no he tenido más remedio que informarme sobre el libro de inmediato. Y claro, tenerlo en mis estanterías va a ser cuestión de poco tiempo.

Gracias y saludos.

Anónimo dijo...

LA primera persona que, en nuestra Lengua, establece esa conexión entre los dos "autores". Eso es muy importante ¿eh?...porque yo supongo que ese foro y esos sitios donde ya se manejaba la idea serían anglosajones.
Yo no sé si este libro está traducido a nuestro idioma pero esta pesquisa ya te da derecho a traducirlo y en el prólogo, explicar la investigación.
¡Cómo cambia la forma de pensar de la Humanidad...! HAce cien años el motivo de escándalo era "una promesa incumplida de matrimonio" y hoy en día, la secretaria ésa le habría acusado de acoso, etc, etc. A veces da la sensación de que en esas épocas pasadas no había ni pecados.
Ah, y la primera esposa, digna de alabanza por su generosidad que le impulsaba a pagarle el piso aunque se sintiera "abandonada".
carlos

Holden dijo...

Prácticamente podrías haber escrito una novela de intriga mientras tratabas de resolver el misterio :D Es una historia genial y fijo que te sientes de maravilla por haber logrado resolver el misterio tu solita ^^ Por cierto, ¿has visto lo nuevo de JuanRa? Como me siga poniendo semejantes dificultades voy a terminar muriendome de verdad en la historia xD

Conxita Casamitjana dijo...

Felicidades Ángeles por esas pesquisas con tan buen resultado,
Lo cuentas tan bien que intriga desde el principio y me ha gustado tu insistencia en descubrir, como dice Guille esa curiosidad que nos hace saber.
Y estoy contigo, es muy conmovedor que después de esa vida siguiera siendo un apasionado escritor de historias de amor.
Buscaré el libro.
Un saludo

Soros dijo...

Tal vez este hombre, en lugar de creer en el amor, quiso dejar por escrito una ironía sobre su propia situación. Entonces escribió sobre amores entre poderosos que, fueren como fueren, no acarrearon a los enamorados problema alguno, mientra que a él el aburrimiento de su esposa, la denuncia de su secretaria y demás asuntos, más o menos probados, le supusieron el hundimiento en una sociedad muy conservadora. Quizá escribió este libro como una sutil venganza o, antes de suicidarse, quiso dejar muy claro que lo suyo tampoco había sido para tanto. Pero también me resulta extraño que una sociedad como la de finales del XIX y principios del XX, o aun la nuestra, se hiciera tanto escándalo de lo que era y es moneda tan común. Puede que en la vida de tu autor hubiera otros asuntos que no conocemos.
Saludos.

Ángeles dijo...



Carlos, no sé si alguien antes que yo ha establecido en el ámbito hispanohablante la conexión entre ambos nombres. Yo desde luego no tengo noticia de ello, porque, en efecto, todo lo que he podido leer ha sido en webs anglosajonas.
Tampoco, que yo sepa, está el libro publicado en español. Y tu idea es bonita, sí.

Por suerte la forma de pensar, como dices, va cambiando con el tiempo, y lo que en una época se considera un asunto delictivo, en épocas posteriores deja de serlo. Sin embargo, creo yo, la sociedad actual, o parte de ella, sigue juzgando a los demás, sobre todo a las mujeres, por su conducta en asuntos amorosos.

Gracias.


Gracias, Holden, cuánto me alegra que te haya gustado. Sí que es una satisfacción haber encontrado la respuesta al asunto, pero si encima os gusta a vosotros, la satisafcción se multiplica.

Respecto a lo otro, yo confío en tu capacidad para salir airoso del asunto, cual zorro astuto y veloz ;)


Muchas gracias, Conxita, me alegra mucho lo que dices :)
Y estoy segura de que el libro te gustaría. Si lo lees, no dejes de contarme tus impresiones, ¿vale?
Saludos.


Soros, el libro no habla solo de romances entre personas poderosas, ni tampoco sólo de amores felices (algunos son tan infelices como el de Abelardo y Eloisa o problemáticos como el de Dickens y Ellen Ternan); sí que fueron en cambio amores verdaderos –como el que Peck no tuvo- pero entorpecidos o frustrados por las convenciones sociales.

Al contrario que a ti, a mí no me extraña que la situación de Peck se convirtiera en un escándalo. El llamado “american victorianism” aún seguía vigente, al menos relativamente, a principios del siglo XX, y esos valores victorianos en cuanto a asuntos como la fidelidad, el honor, la palabra dada, etc. seguían funcionando como referencia de lo que debía ser un comportamiento adecuado o deseable. Por eso, aunque a nuestro autor no lo condenase ningún tribunal, sí lo condenó la sociedad, influida además por la prensa sensacionalista.

Y en realidad, tampoco me parece que hoy día, en pleno siglo XXI, estemos del todo libres de ciertas actitudes moralizantes que nos llevan a juzgar a los demás por sus asuntos sentimentales.

Como siempre, gracias por tus reflexiones

MJ dijo...

Desde luego la realidad supera a la ficción. Gracias por compartir con nosotros tus pesquisas. Yo ya me estaba sospechando el resultado ;-)

Ángeles dijo...

Yo sospechaba que lo sospecharías ;)