jueves, 15 de junio de 2017

Ciento ocho


El próximo domingo, día 18,  Juguetes del viento  cumple nueve años.
Nueve años. Ciento ocho meses.

Y tengo una sensación extraña: por un lado me parece una barbaridad que un blog se haya mantenido activo durante nueve años seguidos, sin periodos de inactividad, y sin modificaciones significativas en su orientación y contenidos.

Pero, por otro lado, me parece lo más lógico del mundo. Porque para mí escribir y todo lo relacionado con el lenguaje y la literatura, es algo sustancial,  innato. Así que mantener un blog centrado en esos temas  se convirtió desde el principio en una actividad natural, una más de mi vida cotidiana. Tanto que si no escribiera en el blog cada diez o doce días me sentiría rara, me faltaría algo importante. Para empezar, me faltaría la compañía de ustedes.
He pensado algunas veces que, como nada es eterno, en algún momento el blog quedará inactivo; pero intento imaginar qué razones podrían llevarme a abandonarlo y de momento no se me ha ocurrido ninguna. Se ve que no se me da bien imaginar catástrofes.

Tampoco se me dan bien los números, para infortunio mío, pero al meditar sobre este noveno aniblogsario no he podido evitar pensar en unas cuantas cuestiones numéricas. Por ejemplo, que en estos nueve años he publicado  doscientas setenta y seis entradas. No parece mucho, pero supone más de treinta al año, y eso ya sí me impresiona un poco; que en este último año bloguero han sido exactamente,  sin incluir ésta, treinta y cinco, es decir, una media de tres entradas al mes, que me parece que tampoco está mal; y que cada entrada tiene, por término medio,  dieciocho comentarios.

Se supone que las estadísticas están para sacar conclusiones de ellas, pero en este caso, estas comprobaciones las he hecho sin objetivo alguno, por mera curiosidad. Porque en realidad esas cantidades  no importan. Sean muchas o pocas las entradas publicadas; sean muchos o pocos los visitantes y los comentarios, a mí lo que me importa de verdad es seguir escribiendo; y que a ustedes, lectores, les agrade, claro está, para que, por lo que de mí depende, no falte su presencia y sus comentarios sigan siendo tan interesantes, inteligentes, ingeniosos y alentadores como hasta ahora.

Y como una forma de celebrar este nuevo aniversario bloguero, quisiera plantearles algo que se relaciona directamente con todo esto. La cosa consistiría en que durante los próximos doce meses me propongan, aquellos de ustedes que lo deseen, un tema en concreto sobre el que les gustaría que yo escribiese una entrada. Habrían de ser, claro, temas relacionado con los asuntos propios de este blog, ya saben: los libros, la literatura, el lenguaje, la escritura, la lectura, las palabras… en fin, el tipo de entradas que aparecen en  Juguetes del viento y que ustedes conocen bien.
Si les gusta la idea pueden ir dejándome sus sugerencias, peticiones o propuestas en cualquier momento, en los comentarios de cualquiera de las próximas entradas y a partir de ésta misma, o, si lo prefieren, en mi correo.
Para mí supondrá un reto difícil pero apasionante, y espero que para ustedes sea una forma interesante de sentirse parte, aún más, de este blog.

Para terminar solo añadiré algo que ya he dicho muchas veces: que los comentarios son la savia vital de los blogs y que, en particular, los comentaristas que vienen (o han venido) a Juguetes del viento convierten este blog en un lugar privilegiado.
Y así me siento yo. Por eso los llevo a ustedes en el corazón. 
En sentido figurado y literal.



¡Muchas gracias a todos!

jueves, 1 de junio de 2017

Otra quisicosa


Quizá recuerden ustedes que hace poco les hablé de una pregunta que me habían hecho, que me resultó difícil de responder y sobre la que, por cierto, entablamos aquí un interesante debate.
Pues bien, recientemente me han hecho otra pregunta sobre otro asunto peliagudo y que, cómo no,  me gustaría compartir con ustedes.

Vila-Matas Mac y su contratiempoMe contaba un amigo que unos días antes, paseando por su barrio, se había sentado en un banco con unos señores mayores a escuchar lo que hablaban; no por curiosidad indiscreta, sino por verdadero interés en las conversaciones de las personas de edad.
Y en esa actitud suya de pasear por el barrio fijándose en sus habitantes y hablando con ellos, me pareció que mi amigo era como un personaje de Vila-Matas, de quien precisamente en esos días estaba yo leyendo Mac y su contratiempo.

La cuestión es que mi amigo, recordando lo que hablaban aquellos señores,  sobre sus vidas, sobre la vida,  me preguntó: “¿Tú qué crees que nos aporta más, las pequeñas experiencias de cada día o leer obras literarias?”

En esta ocasión, al contrario que la vez anterior, respondí enseguida, pero sin comprometerme mucho, lo reconozco. Porque mi respuesta fue que las experiencias reales son, por supuesto,  insustituibles, pero que las obras literarias nos ayudan en gran manera a manejarnos en esas experiencias.

Por eso mismo, entre otras razones, nos gusta leer literatura: porque a través de las experiencias de los personajes aprendemos sobre las personas y sobre el mundo. Nos dan ejemplo de las actitudes que dan buen resultado y las que no. Vemos escenificadas situaciones, conflictos, muy diversas clases de relaciones humanas… Vemos, en resumen, modelos o "simulaciones" de situaciones y de comportamiento.


Todos los buenos libros se parecen en cierta manera,
ya que contienen más verdad que si hubieran ocurrido realmente,
y cuando terminas de leer uno, te parece que todo lo ocurrido te ha pasado a ti,
 y te pertenecerá para siempre.

-Ernest Hemingway-

Y así las páginas del libro, la  historia que leemos, se convierten en una gran ventana que nos permite una observación detallada y serena del mundo. O en un curso de formación emocional, en el que la teoría y la práctica se ven al mismo tiempo.
En la vida real necesitaríamos mucho tiempo para conocer a toda clase de personas y situaciones. En los libros, en cambio,  las tenemos todas, y nos sirven para comprender mejor las cosas que ocurren, las actitudes, las reacciones diversas que pueden darse en cada situación… Las historias literarias son, en este sentido, un muestrario de realidad vestida de ficción. La verdad disfrazada de mentira.
Por eso yo creo que la realidad y la ficción no se pueden desligar la una de la otra; que son consustanciales e inherentes la una a la otra. Que son, como la proverbial moneda, dos caras de una misma cosa. Porque la vida da origen a los relatos y los relatos explican  la vida. Por algo existen desde que el hombre tiene lenguaje y conciencia de sí mismo.


En los tiempos de las cavernas nuestros ancestros se reunían 
alrededor del fuego por la noche. Los lobos aullaban en la oscuridad, 
más allá del resplandor del fuego. Y una persona empezaba a hablar. 
Y contaba una historia, para que la oscuridad no nos diese tanto miedo.
                                                                 -“El editor de libros” (Genius, Michael Grandaje, 2016)-


El editor de libros GeniusComo ya comentamos hace tiempo en otra entrada, todo esto, que puede parecer una cuestión puramente sentimental, tiene en realidad una explicación científica. Y es que nuestro cerebro procesa y retiene mejor la información si ésta le llega con estructura narrativa que si la recibe como una mera comunicación de datos.

Por eso tantas veces vemos que la mejor manera de explicar algo es, sencillamente, mediante un ejemplo en forma de “historia”. 
Y creo yo que ésta es la razón por la que mi amigo se sentó a escuchar a aquellos hombres del barrio, y por la que a todos nos gusta que otras personas nos hablen de sus experiencias: porque al contárnoslas las están convirtiendo en historias.

Como decíamos en aquella ocasión, cuando el cerebro recibe una historia se ponen en funcionamiento no sólo las áreas que procesan el lenguaje, sino  también las que se activan cuando vivimos situaciones reales y las emociones asociadas a esas situaciones. Por eso una historia bien contada nos hace reír, llorar, indignarnos, compadecernos, etc, como si se tratase de hechos reales. 
Y esto, me parece a mí, indica que existe una relación indisoluble entre narración y existencia humana. Y entre lo que nos aporta una cosa y la otra.

Curiosamente, el protagonista de Vila-Matas tiene el afán de viajar al lugar donde hubiera nacido el primer relato de la humanidad; el afán de encontrar el origen de las narraciones, el primer cuento. Y lo más curioso de todo es que  un par de días después de esta conversación con mi amigo, leyendo ya las últimas páginas del libro, dice el personaje al escuchar una teoría sobre el origen de la vida:

¡El origen de la vida! Eso también debía concernirme a mí,
que tanto me interesa el origen de los cuentos.

Una vez más, y justo a tiempo, como me suele ocurrir, la literatura se utilizó a sí misma para confirmarme que algunas de esas ideas mías sobre la literatura no van mal orientadas.
Y creo que también me da la razón en que, tal y como sospeché, mi amigo es, en efecto, un personaje de Vila-Matas.






sábado, 20 de mayo de 2017

Palabras, palabritas, palabrejas


Ya saben ustedes que las palabras son como las personas en muchos aspectos. Bueno, en todos, diría yo.  Por ejemplo, hay palabras a las que conocemos muy bien, tratamos con ellas con frecuencia, y tenemos una relación de confianza con ellas. Incluso las queremos y nos enfadamos si alguien les falta al respeto.

Otras son palabras a las que sólo conocemos de vista; las reconocemos cuando las vemos pero en realidad no sabemos casi nada de ellas, de su intimidad. Es decir, de su significado.
También están las palabras traicioneras, que nos hacen creer que son una cosa y luego resulta que son otra; y las que nunca nos fallan, con las que siempre podemos contar… En fin, igual que hay personas de todo tipo, hay palabras de todo tipo.

En los últimos días me he encontrado yo con dos palabras curiosas, una a la que no conocía de nada y otra a la que sólo conocía de vista. Pero  resulta que, por raras que me parecieran,  las dos tienen parientes a los que todos conocemos.

La que no conocía en absoluto es congrua. La verdad es que al verla me resultó un poco estrambótica, un poco chocante. Muy chocante, en realidad, tanto que pensé que quizá era una errata. Me sonó a una mezcla de congrio y congruencia. Algo totalmente incongruente, por cierto.
Así que en seguida me puse a hacer averiguaciones sobre ella, como esas vecinas chismosillas que quieren enterarse de todo.
Y así supe que no había ningún error y que congrua es la “renta mínima” que se paga a un clérigo para su subsistencia.
La palabreja proviene del latin congruus, que significa “apropiado”, “adecuado”, “conveniente”, y es en realidad la mitad de la fórmula congrua portio, es decir, “la parte conveniente”.

Así que esa congrua que tanto me llamó la atención  sí tiene que ver con lo congruente y la congruencia, que no son otra cosa que “lo adecuado”.

Por el contrario, y como era de sospechar, lo que no pinta nada aquí es el congrio, porque ese pez tan feo no tiene que ver con congruus, sino con conger, que a  su vez se debe al griego gongros. Aunque, pensándolo bien, si se reparte un congrio entre varias personas, a cada uno le corresponderá también su congrua portio, ¿no? Bueno, ya me disculparán ustedes la tontería.

herbal tea infusiónLa otra palabra rara con la que me he encontrado en mis lecturas recientes, la que conocía de vista pero cuyo significado desconocía, es infusorio. Al verla, lo primero que me pregunté fue si tendría algo que ver con las infusiones. Pero, escarmentada por el caso del congrio, pensé que otra vez estaba dejándome llevar por la paretología, o etimología popular, esa especie de ciencia infusa que nos hace establecer relaciones incongruentes de parentesco entre determinadas palabras.
Vaya: infusorio, infusión, infusa… la cosa se complica.

El caso es que el diccionario me informó de que infusorio significa “Célula o microorganismo que tiene cilios para su locomoción en un líquido”. O sea, un gusarapo. Así que, me dije,  mejor que no tenga nada que ver con las infusiones.
Pero la cuestión es que entre la similitud de las dos palabras y que en los dos casos hay líquido por medio, el asunto se volvía muy sospechoso.
Sólo me quedaba recurrir a la etimología, a la verdadera, la científica, esperando que ambas palabras no tuviesen ningún antepasado en común.

Anton van Leeuwenhoek
Anton van Leeuwenhoek
preparándose una infusión
Y resulta que todo empieza con el verbo fundere, que además de “fundir” significa “derramar”.  Y que de fundere se deriva infundere, que significa “verter líquido en un recipiente” y de donde proviene “infundir”.
Por lo tanto, por culpa de los participios, el líquido que está “echado en un recipiente” está “infuso”, es decir, infusus,  infundido, de donde proviene la infusión.
Y lo peor de todo: lo que se echa junto con el líquido (por ejemplo, las hojas de tila) es lo infusorio.
Y así llegamos a  la desagradable conclusión de que el microorganismo, el gusarapo que se desplaza por el líquido elemento, y las reconfortantes bebidas de hierbas tienen un parentesco semántico irrefutable.
La culpa de todo esto la tiene el científico del siglo XVII Anton van Leeuwenhoek, considerado el “padre de la microbiología”, que fue el primero en observar esos bichejos y los llamó así, infusorios, con toda congruencia, pero con un poco de mal gusto.

Y volviendo a la otra ciencia, a la infusa, ya hemos visto que también es parte de la familia, porque se refiere a un saber  infuso, es decir, infundido, o  vertido en nosotros por alguna gracia divina, como quien vierte el agua en un recipiente.


En fin, una vez más se demuestra que cualquier palabra tiene tras de sí una historia interesante, y a su alrededor una serie de conexiones que a veces resultan de lo más curioso, inesperado y sorprendente. Que las palabras se funden, se confunden y se fusionan; que se infunden y se difunden; y que su efusión y profusión es siempre congruente y adecuada.



miércoles, 10 de mayo de 2017

¿Quién juega? Los resultados


En la entrada anterior propusimos un nuevo juego literario, que consistía en que yo les presentara el argumento de una novela para que ustedes imaginasen un desenlace, un final para esa novela.
Además, podían indicar si creían que dicho argumento correspondía a una novela real o si era inventado por mí, como otras veces.
Y el motivo final del juego es ver  cuál de esos desenlaces  se aproxima más al auténtico (es decir, al ideado por el autor, o por mí, si resultase ser inventado).

De los lectores que han opinado al respecto, *entangled*, Sara, Rick y JuanRa han pensado que el argumento es invento mío, mientras que Lan, Soros, Guille, Anónimo, Holden y MJ creen que corresponde a una novela verdadera.

Y así es, el argumento es de una obra real (y escrita por una mujer, como intuyó *entangled*). Se trata en concreto de la novela titulada As Far As Jane’s Grandmother’s, escrita por la autora británica Edith Olivier en 1928.


Como ya sabemos, la novela narra la historia de una joven, Jane Langdale, que ha vivido prácticamente recluida en casa, feliz en su mundo privado, pero dominada por su autoritaria abuela, la señora Basildon, que vive anclada en el pasado.

Un día Jane acude a  la fiesta de unos vecinos y descubre un mundo completamente nuevo, representado especialmente por el joven Julian, que le ofrece la posibilidad de una nueva vida, lejos de la abuela.
¿Qué hará Jane? ¿Aceptará la propuesta de matrimonio de Julian, o se quedará con su abuela? Si acepta o no, ¿cuáles serán las consecuencias?

Han jugado ustedes muy bien, ideando unos desenlaces muy variados e imaginativos. Esto, por cierto, hace pensar en cuántas  posibilidades diferentes se pueden derivar de un mismo argumento; en las múltiples historias o enfoques a que puede dar lugar una misma idea de partida.


Edith Olivier

En nuestro caso, Lan ha inventado un final muy sorprendente, en el que la joven pasa de ser una persona insegura, sometida a la voluntad de los demás, a casi todo lo contrario.

Y Soros ha imaginado otra transformación drástica, con un asesinato y un cómplice al que ella hace pasar por único responsable, dándole a la historia un tono de thriller dramático que recuerda a clásicos del estilo de Llamada a las doce o Su propia víctima.

También el desenlace de Sara, en el que también la joven acaba con la vida de la abuela para después para asumir su personalidad, hace pensar en un thriller clásico.

Todo lo contrario ha imaginado Guille, que ha pensado en la posibilidad de que nuestra protagonista se desentienda tanto de la abuela como del pretendiente, y se convierta en una joven independiente que vive su propia vida por fin.

Algo parecido propone Conxita, que convierte a Jane en una persona segura de sí misma y que no sólo se procura una nueva vida para ella sino también para la abuela, que se enamora y todo.

Igualmente JuanRa ha optado por darle un final feliz a la historia, con el reencuentro, al cabo de los años, de los enamorados, que por fin pueden vivir su romance.

Y también MJ se ha inclinado por una resolución feliz de la historia, en la que, sorprendentemente, acaban conviviendo  abuela, nieta y marido.

El que ha imaginado Anónimo se puede considerar un final feliz a medias, pues los protagonistas se aman y se casan, pero un secreto que comparten sin saberlo les impide ser verdaderamente felices.

Uno de los desenlaces más imaginativos es el de *entangled*, que vuelve a sorprendernos dándole un vuelco completo a la trama, transformándola en una historia de ciencia ficción en la que  todo lo que ocurre es producto de un estado mental patológico.

Holden también ha imaginado un desenlace de ciencia-ficción, aunque en este caso tendríamos más bien una novelita pulp o un guión de serie b, así de loca y encantadora resulta su historia.

Por su parte, Macondo ha imaginado un final algo triste, en el que Jane nunca consigue liberarse de la influencia de su abuela, ni siquiera tras la muerte de ésta, y sigue viviendo para siempre recluida en la mansión familiar.

Y también Rick ha imaginado que la joven elige quedarse con su abuela y rechaza la posibilidad de una vida diferente que le ofrece su amado, del que en realidad desconfía, contagiada del recelo de su abuela.

Y por fin, ¿cuál es el desenlace verdadero de esta historia? Pues bien, en la novela de Edith Olivier, la protagonista, Jane, no acepta la propuesta de matrimonio de Julian. Duda que pueda  ser feliz lejos de la protección y la seguridad que representa para ella su abuela; además, está segura de que la abuela no dará su consentimiento para la boda. Y ella es incapaz de hacer nada con lo que su abuela no esté de acuerdo.

Al cabo de diecisiete años y habiendo fallecido la abuela, Jane y Julian se reencuentran, nuevamente en una reunión social. En esta ocasión Julian le pregunta por qué no quiso casarse con él y  por qué no le permitió intentar ganarse la aprobación de la abuela. Y se siente irritado y triste por la sumisión a su abuela que ella sigue demostrando, incluso ahora que la anciana está muerta.

A pesar de esto, sienten que el amor vuelve a surgir entre ellos, y piensan que quizá este reencuentro suponga un nuevo comienzo.  Pero lo cierto es que pertenecen a mundos muy distintos. Julian comprende que aquella muchacha tímida, delicada y prudente de la que se enamoró es ahora una mujer anticuada y puritana, que ha asumido los prejuicios y la rigidez moral de su abuela. Y a ella, claro, él le resulta un hombre vulgar y de costumbres indecorosas.

Entonces, decepcionada y escandalizada por el comportamiento de los invitados más jóvenes, abandona la reunión y vuelve a casa, donde ahora reproduce el papel que antes desempeñó la abuela, aunque a ella le faltan la seguridad y el carácter que tenía la señora Basildon…

Me ha resultado interesante el hecho de que, aunque los finales imaginados por ustedes son muy dispares entre sí y respecto al original, hay sin embargo elementos en común en algunos casos. Por ejemplo, JuanRa ha atinado al imaginar un reencuentro de los protagonistas al cabo de los años; Sara y Soros aciertan en que Jane acaba adoptando la personalidad de la abuela.
Rick ha acertado en que la joven rechaza al pretendiente y se queda para siempre con la abuela, y en que ésta  no ve al pretendiente con buenos ojos, algo que también ha imaginado MJ
Y Macondo ha atinado mucho al imaginar que la protagonista nunca se libra de su dependencia emocional de la abuela, y que tras la muerte de ésta sigue viviendo  en la mansión, alejada del mundo, igual que lo estuvo siempre, y vestida de luto riguroso.

Así pues, si hemos de decidir quién se ha acercado más al desenlace verdadero de la novela, creo que estaremos de acuerdo en que han sido Rick y Macondo, que han señalado varios detalles esenciales. 

Ahora, por favor, comenten ustedes cuanto gusten, y digan también, si lo desean, cuál es el desenlace inventado que más les ha gustado, y si les gusta más, o menos, que el verdadero. 

Gracias de nuevo a Soros por la idea del juego, y a todos ustedes por su magnífica disposición para jugar, como de costumbre, y su excelente participación, como de costumbre.





Daye House


sábado, 29 de abril de 2017

¿Quién juega?


En una entrada reciente en la que jugamos, como otras veces, con argumentos literarios reales e inventados, nuestro amigo Soros planteó una variación del juego que nos pareció interesante. Así que, basándome en su idea, les propongo hoy que juguemos nuevamente.

En esta ocasión se trata de que yo les presente el argumento de una novela, a  partir del cual ustedes podrán imaginar un desenlace, que deberán relatar con un máximo de cien palabras.

Girl reading
Girl Reading 
Charles Edward Perugini (1839–1918)
Además podrán indicar también, como es habitual en nuestro juego, si creen que el argumento que les doy pertenece a una novela real o si ha sido inventado por mí.

Esto lo sabremos en una próxima entrada, y si resulta ser real, les diré cuál es la obra y su desenlace verdadero. Así veremos cuál de los imaginados por ustedes se acerca más al concebido por el autor de la novela. 
Y si resultase ser un argumento inventado por mí,  les diré qué desenlace había imaginado yo.

Después también podríamos decidir qué desenlace, de los ideados por ustedes, nos ha gustado más, y será interesante comprobar si el preferido coincide con el original (el del autor si es una novela real, o el mío si es imaginaria). 
  

Si les apetece jugar, como espero, podrán dejar sus comentarios con los desenlaces imaginados, durante los próximos diez días, es decir, hasta el  martes 9 de mayo inclusive. Y por supuesto, aunque no jueguen, sus comentarios serán tan bienvenidos como siempre.

Así pues, éste es el argumento que les propongo para este juego:

Una niña que ha quedado huérfana va a vivir a casa de su abuela materna. La mujer es dominante, y tiene una mentalidad anticuada y severa. Pero la niña se siente segura porque su abuela siempre tiene razón y siempre sabe lo que hay que hacer, lo que es conveniente y adecuado. 

La niña pasa su vida recluida en la casa y aunque es feliz, se convierte en una persona callada, reservada y solitaria, que cree que el mundo real, el mundo que hay fuera de la casa de su abuela,  es como el  de las novelas decimonónicas que lee.

Cuando es una joven de dieciocho años, una antigua  amiga de su madre la invita a una fiesta. Allí conoce a otras personas y empieza a descubrir un mundo nuevo, un estilo de vida que ella desconocía por completo y que nunca habría podido imaginar. Entre las personas a las que conoce hay un joven con el que entabla una relación y que llega a pedirle que se case con él.

Sin embargo, a pesar de estar enamorada, la joven duda, porque tiene miedo de ese mundo real, en el que teme no encajar y que le parece peligroso.  Piensa que quizá no pueda ser feliz fuera del único mundo que conoce y en el que se siente protegida ... 


Ahora es su turno: ¿cómo creen ustedes que podría terminar esta novela?


casa de Mark Twain


martes, 18 de abril de 2017

Literalmente bizarro


Repasando un libro de David Crystal, he encontrado una afirmación que me ha hecho pensar otra vez en un asunto del que ya hemos hablado en este blog con anterioridad.
Tal afirmación tiene que ver con los cambios que se producen en las lenguas a lo largo del tiempo, y que son precisamente lo que indica que una lengua está viva.

Dice Crystal que esos cambios, de cualquier aspecto gramatical, sólo se pueden identificar y analizar una vez que se han producido, ya  que es prácticamente imposible predecirlos.

Como digo, me he parado a pensar en esto, y más concretamente en los cambios de significado que experimentan a veces las palabras a lo largo de su historia. Y me parece que hay ocasiones en que esos cambios semánticos sí se pueden predecir o, al menos, verlos venir desde lejos. 
Y digo esto porque nosotros, en este blog, ya anticipamos hace tiempo uno de esos cambios de significado: el de la palabra bizarro.

Como saben ustedes, esta palabra significa (o significaba hasta hace unos años) valiente, aguerrido, gallardo
Era una palabra poco usada en la actualidad, pero desde hace algún tiempo y en algunos ámbitos, se ha vuelto bastante común, aunque con un significado diferente: el de raro o extravagante, que es el significado que tiene la palabra  bizarre en inglés y en francés.

En aquella ocasión señalamos que quizá con el tiempo esta palabra llegase a adquirir "oficialmente" el significado que tiene en dichos idiomas,  dado que su uso con el significado foráneo estaba cada vez más extendido.
En efecto, este significado ha seguido afianzándose en el habla coloquial, y como confirmación de ese uso generalizado, el nuevo significado ya aparece recogido en diversos diccionarios.
Por lo tanto, me parece a mí que podemos considerar que bizarro ha adquirido ya definitivamente el significado de extravagante


Esto puede resultar irritante para muchos, sobre todo porque es un cambio que tiene su origen en una  interpretación errónea (por ignorancia o por esnobismo) de un término extranjero. Y resulta difícil admitir que  un intruso de esa calaña se instale en el idioma.

Sin embargo, cuando una palabra hace fortuna y se asienta en el habla, es como una ola del mar que ha llegado a la orilla.

Pero no es esta la única palabra que está experimentando un proceso de modificación semántica; vamos, que está cambiando de significado ahora mismo, delante de nuestros ojos.  Me estoy refiriendo al adverbio literalmente. ¿No han oído ustedes ya muchas veces frases como “estaba literalmente en las nubes”, o “se subía literalmente por las paredes”, cuando es obvio que nadie estaba en las nubes ni se subía por las paredes literalmente sino figuradamente?

Así es: literalmente ya no se usa sólo para referirse a algo que se dice con exactitud, con pleno sentido, sino que está adquiriendo también un sentido enfático, para expresar una idea de manera exagerada o con intensidad.  

Dicho de otro modo, literalmente adquiere el significado de en sentido figurado. Curioso, ¿eh?
De ser así, de consolidarse este uso, como parece que está sucediendo, el término literalmente se convertiría en un contrónimo, ya saben, esas palabras que significan una cosa y la contraria. 

También es curioso que en inglés está ocurriendo lo mismo con literally, tal y como indica el Diccionario Oxfordque explica que en los últimos años se ha hecho muy común un uso no literal de esta palabra, para crear un efecto de exageración. Y añade que aunque este uso está muy extendido no se considera aceptable en contextos formales. 

Pero más curioso aún es que de este uso “no literal” de literally ya hay constancia en el siglo XVIII. ¿Estaremos entonces ante un caso de vaivén lingüístico, que es un concepto que me acabo de inventar? Es decir, que este nuevo sentido de la palabra sería en realidad una vuelta a sus orígenes. Y así podría ser, pues sin duda en los misteriosos mecanismos del lenguaje caben fenómenos  de este tipo.

Yo creo que hasta tiempos recientes las palabras, las expresiones, cambiaban con mucha lentitud, con la lentitud con que evolucionan los organismos vivos; y que los cambios necesitaban mucho tiempo para difundirse entre los hablantes; y que las formas nuevas tardaban en consolidarse, en asentarse en el habla primero y en la lengua escrita después.  
Y me da la impresión de que ahora las lenguas cambian mucho más rápido, como todo. Entre otras razones porque hay un contacto más intenso entre los idiomas (lo cual, como hemos visto, es una de las causas de los cambios semánticos), y la influencia de unos sobre otros es más inmediata. Y porque los medios de comunicación y las nuevas tecnologías hacen que los usos lingüísticos –sean o no acertados- se transmitan y se contagien entre los hablantes con una facilidad extraordinaria.
  
Yo no sé si esto será bueno o malo ni a qué conducirá, pero sí sé que es inevitable.




sábado, 8 de abril de 2017

Ser o no ser


Recientemente me han hecho una pregunta que me pareció difícil de contestar. No porque no supiera la respuesta, sino porque no sabía cómo darle forma a esa respuesta. La tenía en la mente, de forma intuitiva, pero hasta ese momento no me había parado a pensar en ello con palabras.

La pregunta era: “Si una persona descarga 1500 ebooks, ¿tiene una biblioteca?”.
La cosa tiene su cosa, ¿verdad?

Se supone que una biblioteca es una colección de al menos cien libros. Así que, en ese sentido, se podría decir que quien tiene  mil quinientas  obras digitales a su disposición tiene una biblioteca considerable.

Sin embargo, a la pregunta yo respondí que no, que los libros electrónicos, sean muchos o pocos, no conforman, a mi modo de ver, una biblioteca. Son, desde luego, una enorme fuente de lectura, pero creo que una verdadera biblioteca es otra cosa.
Conste que no menosprecio la lectura de ebooks, ni mucho menos. La lectura es, o debe ser, algo tan personal y tan libre que sería absurdo poner objeciones a un medio que proporciona posibilidades infinitas de acceso a la literatura.

Por eso quizá la clave del asunto está en que no es lo mismo tener una biblioteca que  formar una biblioteca.
Porque una biblioteca verdadera, personal, no se forma solo con libros.
Una biblioteca se forma también con tiempo. Porque el tiempo es imprescindible para que la biblioteca sea lo que se supone que es: una colección de libros que habla de su dueño. 
En cada momento, en cada etapa, nos interesan unos libros o unos tipos determinados de libros. A lo largo del tiempo cambian nuestros gustos, nuestros criterios, nuestros intereses o nuestros medios económicos. Y dependiendo de estos factores, nuestra biblioteca adquirirá formas determinadas. Irá cambiando igual que cambiamos nosotros.
Por eso será nuestra biblioteca, única y personal.

Pero en una descarga virtual en masa no hay nada de eso. Falta el interés sostenido a lo largo del tiempo,  la meticulosidad. No hay meditación ni condiciones que nos lleven a descartar un libro a favor de otro… No hay búsqueda, ni reflexión, ni espera…
Creo que en muchos casos, cuando se descargan tantos libros de golpe no es porque se desea de verdad cada uno de esos libros, sino simplemente porque se puede.

También creo que con las obras virtuales sólo se puede satisfacer el amor a la lectura, pero no el amor a los libros, que es otra cosa.
El amor a los libros es algo más amplio, que además del interés por la obra que se lee incluye también el gusto por el libro como objeto.
Y el valor del libro como objeto puede venir dado por muchos factores diferentes: porque es un libro regalado, porque tiene una dedicatoria, porque es una edición especial, porque lleva años con nosotros, porque perteneció a alguien…
Luego están los casos de bibliomanía desatada, claro, en los que los libros se coleccionan exclusivamente como objetos, por las peculiaridades de su edición, sin importar la obra que contienen, porque el interés principal no es leerlos. Pero ése es otro tema.

El amor al libro, frente al amor por la lectura, también incluye el hecho de tener las páginas entre la manos, las páginas que se van pasando, que es una forma de tocar la historia que leemos, de sentirla más de cerca. Porque cada obra tiene su tacto particular, su textura propia, y eso se aprecia mejor si lo percibimos físicamente además de intelectualmente. El tacto del libro, me parece a mí, hace que la lectura sea más intensa.

Por estas razones considero que una colección de libros intangibles no es lo mismo que una biblioteca.
Pero todo esto no es más que mi visión personal de esta cuestión. Porque, en realidad, qué importa que se les llame biblioteca o no a los libros digitales.
Lo que importa en un caso como éste es que  una pregunta interesante puede llevarnos  a meditar sobre algo en lo que no habíamos pensado hasta el momento, como  he meditado yo ahora  sobre estos aspectos de la lectura y la bibliofilia.

Ah, y también importa la opinión de ustedes sobre el asunto.


En el ojo del huracán (Storm Center, Daniel Taradash, 1956)