domingo, 18 de septiembre de 2016

El juego de la abadesa. Segunda parte


En la entrada anterior, como recordarán ustedes,  planteamos un divertimento lingüístico basado en la lingua ignota creada por Hildegarde von Bingen en el siglo XII.
El juego consistía en que ustedes inventasen una o dos palabras cada uno, a las que yo atribuiría un significado determinado. Después elaboraría un texto en español en el que integraría esas palabras inventadas, en sustitución de otras tantas de nuestro idioma.

old manuscriptTodos ustedes han colaborado con dos palabras, de manera que, para mi satisfacción, me he encontrado con un vocabulario ignoto considerable. Además, no he podido resistir la tentación de inventar  un par de palabras yo también.
Y esto, el disponer de tanto vocabulario, me daba dos posibilidades: o hacer un texto breve en el que las palabras inventadas tuviesen mucha presencia, o uno largo en el que esas palabras estuviesen más repartidas y en un contexto más amplio, que daría más pistas para su interpretación.
No hace falta decir que la primera opción me ha parecido mucho más interesante y divertida.

También me resulta muy interesante observar las diferentes “personalidades” que tienen las palabras que han creado ustedes. Las hay que suenan delicadas, como alaisa, velverio o nuar; las hay que resultan divertidas o cómicas, como fufito, ñon o farfundio; otras suenan contundentes y decididas: entrequedente, orzaludo, glisenfauto… Incluso hay una que es claramente extraterrestre: fixp.

Por eso el texto que he elaborado ha adquirido, por fuerza,  esos matices tan diferentes, lo que le da, creo yo, una musicalidad extraña y atrayente.

Como verán enseguida, a la mayoría de las palabras que hemos inventado les he dado valor de sustantivo, de nombre común; pero hay también algunos verbos y adjetivos. Para los cambios de género y número y  la conjugación de los verbos he aplicado las reglas gramaticales del español, como Hildegarda aplicaba las del latín a sus palabras ignotas.

Una vez tengamos las versiones que ustedes elaboren, publicaré una nueva entrada con el texto original, para que puedan ustedes mismos comprobar las diferencias y similitudes entre éste y sus propuestas, y cuánto se parecen o se diferencian sus propuestas entre sí.

Ésta es la lista de participantes con las palabras que ha inventado cada uno (entre paréntesis, en su caso, la categoría gramatical señalada por el participante):

Sara: ledomé, sagéter                                                        Soros:  ñon, fixp
Guille: virallama, nuar                                                      Marisa: mensabida, alzamando
Macondo: orene, alopama                                               MJ: hildeñada, pasator
*entangled*: limalante, espudiar (sust. y verbo)       Holden: fufito, orzaludo    
JuanRa: velverio, tolicuapas                                           Rick: grosmio, farfundio  
Conxita: alaisa, milani                                                Manuela:entrequedente, apasconar (adj. 
Anónimo: bertillo, ospanzo (adjetivos)                   y verbo) 
Carlos: areupima, glisenfauto                                   Ángeles: alonia, malia                                                                                                           
Y éste es el texto:
           
"Una mañana

Las alonias amarillas bailan despacio delante del limalante abierto. La nuar de la mañana se filtra por ellas de manera  que más que amarillas parecen doradas.
La brisa, lenta y milani, hace que se ricen, se ondulen y se levanten un poco, como tímidos fantasmas que quisieran entrar en mi habitación.

De vez en cuando las alonias se separan del limalante lo suficiente como para que yo pueda ver, desde la cama, el velverio ospanzo y luminoso, y la mensabida del limalante. Y las tolicuapas que colgué ahí hace menos de un fixp ahora tienen virallamas amarillas y blancas. Y las virallamas, el limalante, el velverio y las alonias me parecen la vida misma. El color, el movimiento y la nuar me parecen seres vivos y la brisa su respiración.

Sin levantarme puedo saber lo que ocurre ñon, en la pasator.
Unos  orenes  bertillos  juegan con un fufito. Otros, mayores, se deslizan y hacen cabriolas con sus grosmios, que apasconan en el farfundio con alzamando entrequedente.

También escucho el negro orzaludo de las gaviotas y el blanco gorjeo de las areupimas.
Y una malia se ríe, y quizás a su lado va un hombre satisfecho por esa risa. 
Un glisenfauto espudia a lo lejos, y un sagéter pasa despacio. Las alopamas de la hildeñada  dan la hora, y el glisenfauto vuelve a espudiar.

Mi ledomé, con las palabras por ahora calladas, reposa sobre las alaisas.
Todo parece tranquilo en esta mañana amarilla de domingo." 

***

Ahora pasen, si son tan amables, al saloncito de los comentarios para dejar su traducción del texto y todo lo que deseen comentar.
Espero que lo pasen ustedes tan bien como lo he pasado yo jugando con sus palabras.
Muchas gracias. 


Leonardo Da Vinci manuscript



jueves, 8 de septiembre de 2016

El juego de la abadesa


Si empezara esta entrada diciendo que en el siglo XII vivió en Alemania una mujer extraordinaria, una monja, que fue poeta, científica, compositora y consejera de papas y emperadores, no me daría tiempo a añadir nada más, pues en seguida dirían ustedes: “Claro, Hildegarde von Bingen”. 
Y en efecto, a ella me refiero.

Hace poco leí un artículo sobre las llamadas conlangs (constructed languages), es decir, las lenguas inventadas, los idiomas creados de manera artificial.
Los ejemplos más populares de idiomas artificiales son probablemente el esperanto y las lenguas que creó Tolkien para El señor de los anillos; y más recientemente, las creadas para la serie Juego de Tronos
Pero  hay en la historia más ejemplos, y se cree que el más antiguo es la Lingua ignota, que es el vocabulario que inventó nuestra sabia medieval, Hildegarda de Bingen, y que utilizaba para poner letra a los himnos que componía. 

Hildegard von BingenDe la Lingua ignota se conocen unas mil palabras, pero de lo escrito por la abadesa utilizando este vocabulario sólo se conserva un breve texto de pocas líneas. Este texto está escrito en latín y en él se intercalan cinco palabras “ignotas”. De esas cinco palabras sólo se conoce el significado de una (loifol, pueblo). Las otras cuatro no están incluidas en ese glosario de mil palabras, por lo que su significado es verdaderamente ignoto.

Diversos estudiosos y expertos de diferentes épocas, como Wilhelm Grimm, han propuesto significados para esas cuatro palabras misteriosas, basándose en el escaso contexto –y en su imaginación, supongo yo-. Pero no dejan de ser sugerencias y especulaciones, y lo cierto es que no podemos saber con certeza qué significados les dio Hildegarda a esas palabras.
El texto que se conserva, traducido del latín* y con las cinco palabras en lingua ignota, queda así:

Oh, orzchis iglesia, ceñida con las armas divinas y adornada con jacinto, eres la caldemia de las heridas del loifol, y la ciudad de las ciencias. Oh, oh, tú eres la crizanta en altos sones, y la chorzta joya.

A mí me parece que el texto tiene un misterio que va más allá del hecho de que no conozcamos el significado de esas cuatro palabras. Es el enigma de su forma y su sonido, de cómo suenan ahora y de cómo sonarían cuando las pronunciaba Hildegarda;  y es el misterio que produce el pensar en ella, inventando palabras, creando un lenguaje secreto, por alguna razón ignota o porque sí, por un puro e irrefrenable afán creador.
Y es el misterio del lenguaje mismo, de su íntima conexión no sólo con la mente sino con el espíritu, con la esencia del ser humano.

Pero todo esto que antecede no es más que el preámbulo para presentarles un juego que quiero proponerles, y que consiste ni más ni menos que en hacer lo mismo que la abadesa Hildegarda: crear nuestra propia lingua ignota -en proporciones reducidas, claro está- y utilizarla en un texto.

Así pues, si quieren jugar, les propongo que cada uno de ustedes invente una o dos palabras, y que me las hagan llegar o bien dejándolas  en un comentario o bien enviándomelas a mi correo electrónico.
Yo le atribuiré un significado concreto a cada una y escribiré un texto en el que irán intercaladas.
Después publicaré una entrada con ese texto para que ustedes intenten deducir -guiándose por el contexto o por su imaginación- el significado que les he atribuido.

A mí me parece que será muy interesante ver las coincidencias y las diferencias que puedan darse en sus interpretaciones o traducciones de las palabras. Por no hablar de lo mágico, sugerente y evocador que puede resultar el texto con esas  palabras ignotas creadas por ustedes.

Espero que les parezca atractiva la idea y que, una vez más, me hagan el honor de jugar conmigo.
Muchas gracias.


Sainte Chapelle, París


domingo, 28 de agosto de 2016

Te propongo una cita


Recuerdo que durante un tiempo una amiga del instituto y yo nos entreteníamos “vistiendo” a nuestros amigos y compañeros. Nos parábamos ante los escaparates de las tiendas de ropa y les  asignábamos las prendas que más nos gustaban y que nos parecían adecuadas para ellos,  según su estilo y personalidad.

En cierto modo, yo he seguido siempre  jugando a ese juego; la diferencia es que los escaparates que miro son los libros que leo, y las prendas que elijo son la citas que señalo en ellos.

Parece que en la vida todo ocurre al ritmo de un cronómetro invisible: no se puede“decidir” nada ni siquiera un segundo antes de que las cosas y las situaciones hayan decidido por sí mismas […] La vida se encarga de tomar las decisiones de una forma maravillosa y sorprendente… y entonces todo resulta sencillo y natural.

-La mujer justa, Sándor Márai-

***
En fin, le había entrado esa manía de quien cuenta historias y nunca sabe si son más hermosas las que le ocurrieron de verdad, y que al evocarlas traen consigo todo un mar de horas pasadas, de sentimientos menudos, tedios, felicidades, incertidumbres, vanaglorias, naúseas de uno mismo; o bien las que se inventa, en las que se tiende a cortar más por lo sano, y todo parece más fácil, pero que después, cuanto más se divaga, más advierte uno que vuelve a hablar de las cosas que ha poseído o comprendido en la realidad, viviendo.

-El barón rampante, Italo Calvino-

Y es que cuando repaso libros que ya he leído y me detengo en los párrafos y frases que en su momento señalé, con frecuencia esas frases, esas prendas literarias que destacan en cada escaparate, las asocio, casi sin querer, con personas determinadas de mi entorno  -el real o el virtual-,  según lo que sé o creo intuir sobre ellas. Es inevitable. 


Risa para mis momentos más alegres, distracción para mis preocupaciones, consuelo para mis pesares, charla ociosa para mis momentos de mayor pereza, lágrimas para mis penas, consejo para mis dudas, y seguridad contra mis miedos. Todo esto me dan mis libros, con una prontitud y una certeza y una alegría que son más que humanas. Por eso yo no sería humano si no amara a estos amigos y no sintiera eterna gratitud hacia ellos.
-Los amores de un bibliómano, Eugene Field-


A veces una misma frase, una misma reflexión, me recuerda a más de una persona, y esas personas pueden ser muy diferentes entre sí. Pero es que un mismo pensamiento puede evocar diferentes ideas. 
Y del mismo modo, varias frases diversas pueden recordarme a una misma persona, a diferentes aspectos o facetas de su personalidad. 

A mí nunca me ha parecido el otoño una estación triste. Las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca me han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir […] Incluso cuando llueve. No me entra melancolía a esa hora, ni tengo la sensación de que el tiempo huye. Sino de que todo es posible. El año comienza comienza en el mes de octubre. Empiezan las clases y creo que es la estación de los proyectos.
-En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano-

 ***
Deseo que encuentre la paciencia suficiente para soportar, y la simplicidad necesaria para creer, a fin de adquirir más confianza en lo que es difícil y en la soledad que de pronto le rodea en medio de la gente.
Por lo demás, deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre, tiene razón.
-Cartas a un joven poeta, Rainer M. Rilke-


En los libros que he estado repasando, revisando y hojeando últimamente he encontrado, cómo no, muchos pasajes y pensamientos favoritos que señalé en mis lecturas previas.  Y algunas de esas citas -ya lo habrán adivinado-, las he asociado mentalmente con unos u otros de ustedes, amabilísimos lectores de este blog.

[…] nos lo pasábamos muy bien comentando jocosamente, todas las mañanas al despertar, los sucesos que habíamos vivido juntos el día anterior y que reflejaban la estupidez humana, la imbecilidad de los otros, nunca la nuestra, que, por ese acuerdo tácito, se hallaba a salvo de nuestras viperinas voces.
                                                                                        -“Dos viejos cónyuges”, Enrique Vila-Matas-

***
Yo soy uno y muchos y tampoco sé quién soy […] Di, pues, un paseo después de escribir. Después de escribir que no voy a escribir nunca más. Adiós a la palabra escrita que sólo sirve para que nos ocultemos todavía más.
-“La fuga en camisa”, Enrique Vila-Matas-

Y pensando en todo esto se me ha ocurrido que quizá resultaría interesante hacer un pequeño experimento bloguero.  La cosa consistiría simplemente en que me dijeran ustedes si se identifican con alguno de estos pasajes o les gusta alguno en particular. Así yo comprobaría si mis asociaciones  han sido atinadas o no. 


La muchedumbre que recorre las aceras ha reanudado su frenética carrera. Ya no hay familias paseando, ya no hay hombres ni mujeres mirando alrededor con una sonrisa. La gente camina a toda prisa con  la cabeza baja. Entre ellos, el señor Linh parece un arbolillo arrancado por una corriente que lo arrastra y zarandea sin que él pueda evitarlo.
-La nieta del señor Linh. Philippe Claudel-
***
El gato es el más romántico de los animales: su alianza con el hombre está hecha tan sólo para poder ensoñar con comodidad, libre de los absorbentes cuidados de ganar la vida y de defenderla […] No admite dueños, sino anfitriones, y por eso no sirve, sino que se deja servir.

-El bosque animado. Wenceslao Fdez. Flórez-


Así pues, si les parece bien mi propuesta, o si no, los espero, como siempre, en el saloncito de los comentarios. 
Gracias.

La munición de los discretos es la galante y gustosa erudición, es decir, un saber práctico de todas las cosas corrientes, más inclinado a lo gustoso y elevado que a lo vulgar. Es conveniente tener una buena reserva de frases ingeniosas y de comportamientos galantes, y saberlos emplear en el momento adecuado, pues a veces es mejor el consejo contenido en un chiste que la más docta enseñanza. Más les valió a algunos la sabiduría que se comunica en el trato social que todos los conocimientos académicos.

-El arte de la prudencia, Baltasar Gracián-
 ***
Al apasionarse, el primer paso es darse cuenta de que uno se apasiona, pues esto es empezar con dominio de la pasión de ánimo. Hay que establecer también un límite y no ir más allá […] Con esta magistral cautela nunca se dañará la razón ni se estará en el límite del buen sentido.
-El arte de la prudencia, Baltasar Gracián-





miércoles, 10 de agosto de 2016

La tele y la biblio

Cuento


-Mamá, ¿ya estás otra vez viendo esa basura de programa?
-Sí, hija, a mí me gusta.
-Pero no te tomarás en serio a ese tío…
-Pues claro que sí, ¿por qué no me lo voy a tomar en serio?
-Pues porque es un falso, no hay más que verlo. Y los que llaman para hacer consultas… buf, menuda tropa… Bueno, yo me voy a la biblio.
-¿Otra vez? Ay, hija mía, no deberías ir tanto a ese sitio.

“La biblio” –pensó la madre-. “Es curioso que lo sigan llamando así”.

architectureLa  BIBLIOTECA ESPECIALIZADA ya era antigua cuando ella era joven, y recordaba muy bien su atmósfera, el silencio, la limpieza, las amplias salas llenas de libros… 

Pero ahora todo había cambiado, por dentro y por fuera. Las grandes letras doradas de la entrada ahora estaban negras y algunas se habían caído. B B   TECA ESP   ALIZA, era lo que se leía; lo cual, bien mirado, resultaba tan hilarante como descriptivo de lo que era “la biblio” ahora.

Volvió a centrar su atención en la televisión, en Pregúntale al Profesor Crystal, el programa que su hija consideraba tan despreciable y que a ella tanto le gustaba.

Lo que más admiraba, aparte de su talento, era la sencillez de aquel hombre. Al contrario que otros, él no se rodeaba de  la parafernalia propia de ese tipo de programas,  puro attrezzo para impresionar a los espectadores; ni vestía de manera especial, ni hacía ademanes peculiares... No, el profesor Crystal no se hacía el interesante. No lo necesitaba. Y tampoco necesitaba hacer consultas, como otros,  ni mirar nada. Todas sus respuestas eran espontáneas, naturales. Todo salía de su cabeza, de su capacidad natural y de su experiencia. Era un portento.

-Tenemos una nueva llamada –dijo el profesor Crystal desde detrás de su mesa-. ¿Nos dices tu nombre, por favor?
-Piscis –dijo una voz femenina.
-Muy bien, amiga Piscis, ¿qué te preocupa, qué quieres saber?
-Pues... me gustaría saber cuáles son las principales diferencias entre la escritura cuneiforme y los pictogramas sumerios. Y también quisiera saber si, en su opinión, profesor, el faraón Psamético I puede ser considerado el primer investigador lingüístico de la historia.

Las respuestas del profesor fueron, como siempre, concisas, claras y exactas. Sin duda era el mejor lingüista del mundo.

Ojalá a su hija le gustase ver el programa, en vez de ir tanto a la biblio.


tv room sketch


lunes, 1 de agosto de 2016

Divertimento veraniego. Resultado


En la entrada anterior jugamos a mezclar títulos de novelas para crear otros nuevos.
Como ya saben, Las hermanas Bunner se mezcló con Una cena en casa de los Timmins, y de ahí salió “Una cena en casa de las hermanas Bunner”; después se fundieron El mentiroso y Doctor Pasavento, y surgió “El doctor mentiroso”; y por último, la combinación de Noches blancas y La hierba de las noches dio lugar a “La hierba de las noches blancas”.

A este pequeño divertimento añadimos otro, que consistía en inventar un argumento para cada uno de esos títulos imaginarios. Y así esbozamos la historia de dos hermanas que buscan el amor a pesar de la censura social; la de un médico que inicia una nueva vida con una nueva identidad; y la de un noble venido a menos que acaba “yendo a más”.

Pero había, en realidad, un tercer elemento de juego, ya que de esos tres argumentos, en verdad sólo dos fueron ideados para la ocasión, y el restante es un argumento verdadero de una novela verdadera.
Y ése era precisamente el tercer elemento de este pasatiempo: que  ustedes adivinasen cuál de los tres argumentos era el  verdadero.

La cosa ha resultado interesante, porque la mayoría de los participantes en el juego han considerado que la historia verdadera es la del doctor mentiroso. En concreto Sara, Carlos, Chaly, Conxita, entangled y Guille se han decantado por ella.

Por su parte, JuanRa, HoldenMJ y Marisa han elegido como verdadero el argumento de las hermanas.

Y sólo uno de los participantes, Soros, cree que la historia que existe verdaderamente es la del noble venido a menos.

Es decir, de los tres argumentos, uno ha resultado “ignorado” por la mayoría, mientras que los otros dos han sido claramente preferidos por ustedes, bien como argumento verdadero, bien como argumento favorito, fuese o no verdadero.

Pues bien, he aquí la solución al enigma: el argumento que corresponde a una novela real es precisamente el menos votado, el del noble en decadencia que resurge de su ruina.
Y la novela verdadera a la que corresponde este argumento es La ilustre casa de Ramires (1900), del ilustre Eça de Queirós, máximo representante del realismo portugués.

Así pues, enhorabuena y aplausos a Soros por su tino, y muchas gracias a todos, por jugar conmigo en este “divertimento veraniego” y por haber mostrado preferencia por las historias inventadas, lo cual me llena de estival regocijo.



En la Plaza del Rossio, Lisboa

lunes, 25 de julio de 2016

Divertimento veraniego


Quizás algunos de ustedes recuerden una entrada en la que imaginábamos que unos cuantos libros se elegían unos a otros y se emparejaban, como para bailar. Y que, en ese baile, los títulos de los libros  se mezclaban dando lugar a otros nuevos.

En aquella ocasión imaginamos que si se combinaran, por ejemplo,  El guardián entre el centeno de Salinger y Flores azules de Raymond Queneau, el resultado sería "El guardián entre flores azules". O si se fundían El último encuentro de Sándor Márai y La tienda de los suicidas, de Jean Toulé, resultaría una nueva historia titulada "El último de los suicidas".

Entonces nos limitamos a imaginar títulos, pero algunos nos quedaron tan bonitos y sugerentes que  nos pareció una pena que no fuesen libros verdaderos, es decir, que detrás de  esos títulos no hubiese realmente historias que leer.

The Fantastic Flying Books of Mr Morris LessMore
The Fantastic Flying Books of Mr Morris LessMore 
Por alguna razón hace unos días me acordé de aquella entrada, y estuve dándole vueltas a esa idea de los títulos mezclados y  las historias que podrían contener.

Y entonces, como aquella vez, empezaron a danzar delante de mí varios libros, que se iban emparejando y dando lugar a nuevas combinaciones. 

Pero esta vez estuve más atenta, y no sólo vi aparecer los títulos nuevos sino que además vi cómo se iban esbozando posibles argumentos que los respaldaban.

Los primeros libros que vi saltar de mis estantes y ponerse a revolotear fueron Las hermanas Bunner, de Edith Wharton, y Una cena en casa de los Timmins, de William M. Thackeray, de cuya combinación surgió Una cena en casa de las hermanas Bunner.

Este libro podría ser la historia de dos hermanas que están deseosas de encontrar el amor, como sus amigas y conocidas, que están ya todas casadas. Así que deciden organizar una cena e invitar a unos cuantos solteros a los que conocen, lo que provoca un escándalo social en su pequeña ciudad. Pero las hermanas están dispuestas a arriesgar su buena reputación para conseguir el amor, y siguen adelante con su plan, ignorando el enfado y el puritanismo de quienes las acusan de inmorales.
Los invitados responden, se celebra la cena y el resultado es el esperado, aunque sólo para una de ellas. A partir de ese momento la relación entre las hermanas se deteriora, porque la que no ha encontrado pareja termina recriminando a la otra con los mismos argumentos que la sociedad empleó primero contra ambas.

***

Otra de las parejas librescas de esta ocasión fue la que formaron El mentiroso, de Henry James, y Doctor Pasavento  de Enrique Vila-Matas, que dio lugar a El doctor mentiroso, cuyo argumento podría ser el siguiente: 

Un médico muy prestigioso abandona su profesión después de que un diagnóstico suyo erróneo provoque la muerte de un niño. Sus abogados consiguen librarlo de la cárcel, pero su vida como médico está acabada. No sólo porque ha perdido su prestigio, sino porque él ha perdido la confianza en sí mismo. Además, el no ir a la cárcel no hace más que aumentar su sentimiento de culpa y su remordimiento.
Tras un intento fracasado de suicidio, decide marcharse a un lugar donde nadie lo conozca y vivir dedicado al servicio a los demás. Entonces se establece en un pequeño pueblo aislado, inventa una identidad nueva y abre un taller de carpintería, profesión que aprendió de su padre y que nunca ejerció.
Así vive humildemente además de estar siempre a disposición de los vecinos, cuyo afecto y admiración se gana en poco tiempo.
Un día un hombre se pone enfermo en su taller. Mandan llamar al médico de la zona, pero éste se encuentra en otro pueblo y tardará medio día en regresar. En ese tiempo, el hombre puede morir. Mientras tanto, el “doctor mentiroso” se debate entre su deber de ayudar al vecino y su miedo a volver a equivocarse. Pero también teme revelar su identidad verdadera y  perder el buen nombre que ha conseguido en esta comunidad, como ya lo perdió en su vida anterior.

***

Por último, de la combinación de Noches blancas,  de Dostoievski, y La hierba de las noches, de Patrick Modiano, resultó, cómo no, La hierba de las noches blancas.

Éste podría tratar de un hombre perteneciente a una noble familia arruinada, que para intentar salir de su situación decide escribir un libro sobre las hazañas de sus nobles antepasados. Al contrario que éstos, él es una persona débil, cobarde y sin recursos económicos. Y con  ese libro  espera recuperar el prestigio perdido y de camino abrirse paso en el mundo de la política, que le parece la mejor manera de prosperar para un inepto como él.
Pero un día descubre que él también es capaz de defenderse con valentía y resolver a su favor una situación conflictiva. Esto le hace cambiar su concepto de sí mismo y comprender que no necesita recurrir a las glorias de sus antepasados para ser alguien en la vida.
A partir de entonces empieza a olvidarse del pasado y a construir su futuro, que no tendrá nada que ver con el espíritu aguerrido de sus ancestros sino con su verdadera naturaleza, que es la de un hombre sencillo,  bondadoso y altruista.

***

Y ahora, una vez presentados los argumentos de estos títulos imaginarios, debo revelar que aquí hay un pequeño juego escondido. Y es que de estos tres argumentos, dos han sido, efectivamente, inventados para este divertimento veraniego, mientras que uno de ellos es verdadero, es decir, corresponde en verdad a una novela existente, que no tiene por qué ser necesariamente una de las que se nombran en esta entrada.

Así pues, ¿cuál de los tres creen ustedes que es el argumento verdadero?


Casa de Mark Twain



jueves, 14 de julio de 2016

Otros López


Cuando yo era pequeña oí a mi padre decir en una conversación familiar: “Bueno, esos son otros López”. La frase me llamó mucho la atención pero, por supuesto, no la entendí. 
Y hasta mucho tiempo después no supe que esa expresión se utiliza en el sentido de “esa es otra cuestión”,  cuando se hace referencia a algo que sobrepasa el tema del que se está hablando.

Y hasta más tiempo aún después no supe de dónde proviene tan curioso dicho. Resulta, según nos dice el sabio Iribarren, que hubo una vez un individuo, de apellido López, que andaba siempre presumiendo de su linaje. Siempre que tenía ocasión hablaba de algún López famoso por sus logros y decía que era de su familia.
Hasta que en una ocasión alguien se refirió a unos López que habían sido encarcelados y ajusticiados, a lo que el vanidoso respondió: “Pero esos son otros López.”

Últimamente he ido tropezando, por aquí y por allá, con varias parejas de palabras muy similares entre sí, que por su apariencia nos hacen pensar que comparten etimología.
Son palabras habituales a las que nunca he prestado mucha atención, pero que, al aparecer muy cerca unas de otras, me han hecho pararme a pensar en ese posible origen común. Y al indagar un poco sobre ellas he visto que unas y otras podrían decir, como aquel sujeto, “esos son otros López”. Porque tales palabras, aun guardando un gran parecido, no pertenecen a las mismas familias.

La primera de éstas parejas es la formada por adolescente y adolecer. Como tenía yo entendido que el verbo adolecer significa  padecer, y los adolescentes son muy proclives al padecimiento emocional, no me habría sorprendido que ambas palabras compartiesen etimología. Pero resulta que no. Porque adolecer proviene de dolecer, y significa, en efecto, padecer (alguna enfermedad o defecto), mientras que adolescente proviene de adolescens, que es el participio activo de adolescere, verbo que significa crecer. Es decir, en sentido estricto, adolescente significa “creciente”, “que está creciendo”. Tal cual.
Y de camino, por cierto, he aprendido que adulto proviene también de adolescere, siendo en este caso el participio pasivo de dicho verbo. Por lo tanto el significado literal de adulto es “crecido”.

Volviendo al tema que nos ocupa, otra de esas parejas que aparentan un origen común que en apariencia se queda, es la formada por catastro y catástrofe.
El catastro, como saben ustedes, es el censo de los inmuebles, y es palabra que deriva del francés antiguo catastre,  que a su vez proviene del griego katástichon y significa “lista”.
Por su parte, la catástrofe proviene  del griego katastrophe  que significa “abatir”, “destruir”.
Así que aunque el parecido entre ambas sea notable y tengan nada menos que tres sílabas en común, el catastro y la catástrofe no son parientes. Como mucho, se conocen de vista.

Y la última pareja de hoy es la formada por escualo y escuálido, que ahí donde la ven, tiene truco. O, mejor dicho, doble truco, porque truco ya se ve que tienen todas.
En una consulta básica al diccionario encontramos que escualo  deriva de squalus y que escuálido proviene de squalĭdus. Por lo tanto podemos concluir que tienen orígenes distintos. Pero si buceamos un poco más hondo, encontramos  que estas dos palabras sí que tienen un antepasado común.
Porque aunque squalus es el nombre genérico de los peces similares al tiburón, y squalidus significa “flaco” y "endeble", resulta que originalmente squalidus significaba “áspero” y "sucio", y que tanto squalus como squalidus, procedían de squama, que significa “escama”.
Así que, al fin y al cabo, el escualo y el escuálido,  sí que son parientes, y no pueden negar el aire de familia aunque intenten disimularlo.

Para terminar esta entrada, por cierto, estaría muy bien poder explicar también cómo escuálido empezó significando sucio y acabó significando flaco. 
Pero esos  son otros López.


shark tiburón

lunes, 4 de julio de 2016

Una vida perfecta (y II)

(Cuento)
(viene de aquí)


La primera vez que conseguí ese control, esa capacidad para dirigir el sueño según mi voluntad, sólo pude modificar un instante, un detalle mínimo, pero la sensación fue extraordinaria. Desperté maravillado por la experiencia y deseando volver a tener otro sueño de esa clase, otro sueño  cuyo desarrollo pudiera yo determinar, como el escritor que decide los pasos y el destino de sus personajes.

En las noches siguientes seguí probando mis habilidades, que seguían evolucionando y mejorando.
¿Imaginas cuál fue el siguiente paso? Descubrí que no sólo podía dirigir un sueño espontáneo, sino que podía soñar lo que quisiera. Que podía elegir qué soñar y con quién. 
Y todas las noches elegía soñar contigo.

En la vida cotidiana yo no era más que un monigote llevado de acá para allá por las manos invisibles de las circunstancias. Pero en el mundo de mis sueños mandaba yo. En mis sueños podía hacer realidad lo que en la realidad no eran más que sueños. Era como diseñar una existencia a mi capricho.
Por eso la vida que tenía cuando estaba despierto se me iba haciendo cada vez más insoportable. Ya no me interesaba nada, porque nada podía compararse a mis sueños.

Un día, al despertarme por la mañana,  pensé que si podía soñar  lo que quisiera y conducir el sueño a mi antojo, tal vez también podría reanudar un sueño, continuarlo donde hubiera quedado interrumpido al despertar. 
Al cabo de unos días comprobé que eso también me era posible.

Le conté a Simó todo lo que estaba consiguiendo,  y entonces él, con preocupación, dijo que me estaba obsesionando con los sueños, con las posibilidades que creía estar descubriendo, y que temía que todo eso me afectara de manera peligrosa.
Le dije que  la realidad me parecía mucho más peligrosa que los sueños, pero él insistió y me aconsejó que pasara más tiempo con los amigos, que buscara nuevos alicientes y que sólo durmiera para descansar; que ignorara los sueños, porque podrían llevarme a la locura, a no poder distinguir la realidad de la fantasía.
Le agradecí su desvelo, claro está, pero yo sabía que su temor no tenía fundamento. Qué podía haber de malo en los sueños si me permitían tener una vida perfecta, una vida contigo.
Por eso, a pesar de sus advertencias, yo seguí soñando, perfeccionando mi capacidad.  Y así finalmente conseguí lo único que  me faltaba: prolongar un sueño tanto como quisiera, hasta llegar, ya lo ves, a vivir en él de forma permanente, sin tener que despertar.

***

Alfredo Simó se sentó ante su escritorio y abrió el diario en el que meses atrás empezó a registrar  la evolución del caso de Daniel.
Durante ese tiempo Simó había intentado despertarlo en muchas ocasiones, porque pensaba que Daniel, de alguna manera, había quedado atrapado o perdido en un sueño y no podía encontrar el camino de regreso a la vigilia. Su empeño había sido  ayudarle a volver.

Pero un día Simó vio la cuestión de manera distinta, no con la mirada del hombre de ciencia sino con la del amigo. Entonces comprendió que la felicidad no tiene  rostro ni nombre, sino que se los damos nosotros cuando la hallamos, y que cada uno encuentra su felicidad donde tal vez nadie más la haya encontrado antes.

Simó cerró su diario. Fue a la habitación donde dormía Daniel, y después de comprobar los monitores que velaban por su vida física, salió de la habitación murmurando un «buenas noches» para su amigo.