miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿De qué va?


No hace mucho, por esos encuentros casuales que se producen en internet, di con una entrevista a un escritor islandés al que no conocía, Jon Kalman Stefánsson.
La cuestión es que el autor dice en la entrevista algo que me interesó: que saber “de qué va” un libro, de qué trata, no siempre es relevante, y que puede que la respuesta a esa pregunta no nos diga nada. Según él, lo que importa no es de qué trata el libro sino cómo es el libro.

Yo nunca me había parado a pensar en esto de forma consciente, pero en cuanto lo escuché reconocí la idea; es decir, es algo que yo también pensaba pero de forma difusa, porque nunca lo había meditado ni le había dado forma con palabras.

Herman Melville
Herman Melville
Pero creo que es verdad que muchas veces lo  más interesante no es de qué trata el libro, o cuál es la historia que cuenta, el argumento, sino la forma en que está contado. Y no me refiero siquiera al estilo, a las características del lenguaje, sino al enfoque que se le da a la historia, la forma en la que el autor la presenta, y las ideas que se encuentran en ella. Y más aún,  las ideas que nosotros como lectores extraemos. Es decir, lo que importa es lo que el libro nos hace pensar.

Por ejemplo, si alguien me preguntase “de qué va” Bartleby, el icónico relato de Melville, podría decir que va de un oficinista que se niega a hacer lo que su jefe le manda. No dice mucho, ¿verdad? Pero, en resumidas cuentas, de eso va la historia. 
Y, claro, si decimos sólo eso, estamos obviando algo tan importante como las ideas que se contienen en la historia, y tambén la forma magistral en que Melville va intrigando al lector. A medida que el bueno de Bartleby se va encerrando más en su educada y pertinaz negativa, va aumentando el misterio, y al mismo tiempo van apareciendo sugerencias sobre la condición humana: cómo nos enfrentamos cada uno a las situaciones conflictivas; cómo las circunstancias que vivimos condicionan nuestra visión de las cosas; qué nos hace ser a cada uno quienes somos; cómo manifestamos nuestra individualidad...
Todo esto, la forma en que se va desarrollando una historia, la forma en que capta nuestro interés, y las reflexiones que nos inspira, son tan importantes como el argumento y el tema, si no más.

Yo suelo bromear diciendo que ya desde los griegos está dicho todo, y que si algo  les faltó por decir, ya se encargó Shakespeare.  Es una forma de decir que todos los temas están ya tratados en la historia de la literatura. Y que por eso es absurdo empeñarse en ser original, pretender escribir sobre algo nuevo. Y de todas formas, dicho sea de paso, la originalidad no es garantía de nada: se puede ser muy insípido de una forma muy original.

Incluso hay quien dice, como es el caso del escritor Christopher Booker (que tiene un nombre de lo más apropiado, por cierto), que sólo existen unos cuantos temas básicos: la lucha contra el monstruo; la burla contra los poderosos; la búsqueda; el viaje; el renacer... y que todas las historias, de una forma u otra,  tratan sobre alguno de esos temas.
No sé si esto es simplificar demasiado, pero vistos de manera amplia, incluyendo todo lo que metáforas como “el monstruo” o “el viaje” pueden incluir, quizá no sea tan simple.

La cuestión es que la originalidad no hay que buscarla tanto en el tema como en la forma de tratarlo. Lo importante es el planteamiento y las ideas, lo que la historia nos aporta o nos inspira;  que nos haga meditar sobre cosas en las que nunca antes habíamos pensado, o que pensemos en ellas de manera diferente, con nuevas perspectivas; que nos sorprenda y nos diga algo de una manera interesante y propia.

Por eso, cuando me preguntan de qué va un libro determinado, siempre tengo la impresión de no hacerle justicia. Siempre siento que me quedo corta si sólo hablo del argumento. Y esa sensación está justificada, porque -salvo que el libro sea una verdadera simpleza-, incluso una mera obra de entretenimiento podrá evocar diversas ideas, sea cual sea la trama en la que esas ideas están contenidas.
Pero claro, cuando alguien pregunta de qué va un libro, espera una respuesta escueta, no una disertación, así que quizá sea inevitable que nos quede esa sensación de estar trivializando la profundidad del libro, y que siempre corramos el riesgo de que, como dice el escritor en su entrevista, la respuesta que demos no le diga mucho a quien nos preguntó.




viernes, 1 de septiembre de 2017

Un arte respetable


Dedicado a Rick

La filología es un arte respetable, un arte que exige un trabajo sutil
y delicado, en el que no se consigue nada si no se actúa con lentitud.
(Nietzsche. Prólogo a Aurora, 1886)
  
Esta entrada responde a otra de las sugerencias propuestas por los lectores con motivo del noveno aniversario del blog. En este caso, como se ve por la dedicatoria, la sugerencia es de nuestro amigo Rick, al que le interesa mucho la filología, y en particular la etimología, es decir, el origen de las palabras.

Hermanos Grimm
Jacob y Wilhem Grimm
Se trata de un tema que aparece en este blog con cierta frecuencia, aunque casi siempre de manera secundaria, complementaria de otros temas, así que me complace grandemente hablar hoy de ella con cierto detenimiento.

Por empezar con un poco de historia, la etimología como estudio de las palabras, de cómo derivan y evolucionan unas a partir de otras, ya existía en la Grecia antigua, pero hasta el siglo XVII fue una cuestión de creatividad e imaginación lingüística más que una ciencia. La etimología como la disciplina que conocemos hoy empezó a tomar forma en el siglo XVIII y se desarrolló en el XIX, sobre todo con los estudios filológicos de los hermanos Grimm.

F. Nietzsche
Friedrich Nietzsche
Y si la etimología trata del origen de las palabras, qué mejor que buscar el origen de esta palabra. Es decir, la etimología de la palabra etimología, haciendo como quien dice un bucle, un agujero de gusano lingüístico. La etimología aplicada a sí misma; la metaetimología, si me apuran.
Sin darle más vueltas, este término proviene de la palabra griega etymon, que significa “sentido verdadero”,  con el sufijo –logia, por lo que la etimología es estrictamente “el estudio del sentido verdadero de las palabras”.
En honor a Nietzsche y su amor a la filología, podemos añadir que el nombre de esta ciencia procede del griego phileo, “yo amo” y logos,  “palabra” o “lenguaje”.
Pero Nietzsche era filósofo también, así que, ya que estamos, digamos también que el philosophos es el que ama la sophia, es decir, la sabiduría.
Quizás la etimología de estas palabras es  de las más conocidas, de las que todos aprendemos en un momento u otro. Pero en general el origen de las palabras es tan desconocido como interesante. Y es que muchas veces las palabras, como vemos aquí en ocasiones, tienen detrás una historia curiosísima.
Recuerdo que una de las primeras palabras cuya etimología aprendí fue candidato. Me gustó tanto conocer el sentido verdadero de la palabra, que durante un tiempo anduve explicándoselo a toda la familia cada vez que tenía ocasión. Me encantaba contar que en la Roma clásica los políticos aspirantes a un cargo vestían, para distinguirse, una toga blanca, es decir una toga cándida. Aunque el candidato no tuviera nada de candidus (blanco, sin malicia).
También aprendí años ha el origen de la palabra salario, que como seguramente saben ustedes proviene de la sal, ya que, tanto en el Egipto antiguo como en la Roma y la Grecia clásicas, a los trabajadores se les pagaba con sal, elemento muy valioso porque servía para conservar los alimentos y para curar las heridas.
Y más recientemente descubrí por casualidad el bello y sorprendente origen de otra palabra bonita de por sí: compañero.
Esta palabra deriva del latin compania que a su vez procede de cum y panis, es decir, con pan. Por lo que el sentido verdadero y último de compañero es “el que comparte el pan”.

Algunas veces la etimología de una palabra se nos aparece en la cabeza de sopetón, por sí sola, sin que nos paremos a pensar  ni tengamos que hacer ninguna averiguación. Es lo que me ocurrió hace poco, cuando en una conversación con un amigo surgió la palabra concatenado. Entonces, en el momento de decirla, me di cuenta de que el origen de esa palabra tenía que estar relacionado con la catena latina, y significar estrictamente encadenado, unido con catena.

Sin embargo, por muy segura que estuviese de que ésa tenía que ser la etimología de concatenado, fui a cerciorarme en cuanto pude, porque no quería caer en un caso de paretología.
La paretología, o paretimología, es, como ya hemos comentado alguna vez, la etimología popular o falsa etimología. Es decir, una explicación no científica del origen de una palabra, que es en realidad lo que hacían los antiguos, como decíamos más arriba. Y esto de la etimología popular  ocurre cuando asociamos palabras por intuición, porque la semejanza fonética que existe entre ellas nos lleva a pensar que una debe de provenir de la otra. Es lo que me pasaba a mí con adolescente y adolecer, como ya vimos aquí

Hemos mencionado a Nietzsche y a los hermanos Grimm como filolólogos y etimólogos, pero hablar de etimología  y no nombrar a Joan Corominas (1905-1997) sería un grave olvido, por no decir una injusticia. Su Diccionario etimológico de la lengua española es una obra fundamental  en la que con todo rigor el sabio analiza miles de  palabras; establece el origen y la historia de cada término; indica el momento en que cada palabra aparece por primera vez en un texto; presenta posibles etimologías alternativas en los casos dudosos, etc. 

Siempre me ha sorprendido que la etimología no se incluya en los planes de estudio como asignatura en sí misma. Bien enfocada y adecuando sus contenidos, podría ser una asignatura muy atractiva en todos los niveles de enseñanza. No ya por lo que nos enseña sobre nuestro idioma, sino también porque conocer el origen y la evolución de las palabras nos ayudaría a aprender otros con más facilidad; y porque conocer las raices de las palabras facilitaría el entendimiento de otras materias; y sobre todo porque  la etimología despierta la curiosidad, causa sorpresa e incluso divierte.
¿Están ustedes de acuerdo?



domingo, 20 de agosto de 2017

Juego veraniego. El resultado


Llega el mejor momento de los juegos que hacemos en el blog: el momento de los resultados, el momento de compendiar todas las aportaciones que tan amable y salerosamente presentan ustedes.

Pero antes me gustaría referir algunas particularidades. Por ejemplo, aunque el texto con el que participasen ustedes podía ser de cualquier tipo, todos los lectores han elegido el formato de relato breve, salvo Juanra, que ha presentado dos textos y en el segundo ha optado por lo que podría ser un fragmento de microteatro;  y Guille, que ha escrito también unas líneas de diálogo pero independientes entre sí y sin reglas.
Por mi parte, yo me he atrevido con mucho atrevimiento a componer unos tristes ripios, que si algo han de dar, espero den más risa que pena.

Por otro lado, me complace el hecho de que casi todos han utilizado más de dos palabras (el mínimo establecido) de nuestra lista de palabras raras. Como curiosidad, cabe señalar que las más utilizadas (seis veces cada una) han  sido semicupio, polímata y numinoso; y las menos (dos veces cada una), congrua, apotropaico, icástico e inconsútil

Sin más, les dejo aquí todos los textos para deleite colectivo, e incluyo también el mío:

Macondo:
Aunque sus órdenes sagradas no le hubieran obligado, su entrapelia le impedía llevar una vida licenciosa. No obstante le resultaba ofensivo recibir una congrua más propia de un giróvago que de un polímata como él. Nadie se rasgaría las vestiduras porque al menos una vez al mes pudiera permitirse dejar tranquila al ama, para acudir al burdel a catar las prietas carnes y la concinidad de mujeres más jóvenes.

Sara:
A Teresa le ha crecido en el vientre un oso panda. Quizá sea hijo de un giróvago, porque, desde luego, Daniel "no sabe y no contesta". 
Cuando llegue el momento del alumbramiento, Teresa ha pensado en un semicupio. Y si ya lo del oso panda había sido la comidilla de familiares y allegados, lo del semicupio, ni te cuento.

Menos mal que llegó el polímata tío Luis y dijo: "Ya está, lo que pasa es que el oso panda es un infusorio".

Marisa:
Él se acercó muy despacio hacia ella. Esa concinidad suya la desarmaba; pocas veces había visto tal seguridad en uno mismo, tan aplastante, tan opuesta a lo que ella vivía cada día. El la cogió de la mano y la descarga eléctrica recorrió todos los impulsos de su cuerpo, y fue entonces cuando comprendió que caería rendida debido a lo numinoso de aquel personaje. 
  
Chaly Vera:
Indara sentada en el semicupio refregaba su bajo vientre para sacarse con agua y jabón la sensación que aun sentía cuando un giróvago al cruzarse con ella en la calle alargo una mano y le acaricio su zona prohibida, Indara aún recuerda el numinoso que su abuela le pronosticó cuando aquello sucediera.

Bubo:
La numinosidad de la mujer lo llevo al baño. El polímata entró desnudo en el semicupio. Buscaba el placer, el saber que no encontró como bibliótafo. Agarraba con su mano izquierda el medallón de una cruz apotropaica mientras se santiguaba con la derecha. Cuando la mujer comenzó a bañarlo los infusorios de su semén comenzarón a nadar por el agua. 
Supo en ese momento que la eutrapélica vida que había conocido había llegado a su fin. 


MJ:
Para muchos no era más que un giróvago, pero debajo se escondía un auténtico polímata. No le importaba lo que pensaran los demás, era feliz sabiendo que ella percibía su concinidad, que le inspiraba lo numinoso, por eso cuando se cruzaban por la calle, lo saludaba con gesto apotropaico.
  
JuanRa:
El polímata bibliótafo se sentía satisfecho observando los libros de su desván. Después de ocupar todas las estanterías, había continuado colocándolos por el suelo e incluso en el interior del semicupio de latón. Allí guardaba la primera edición de Viaje al centro de la tierra.

*****
- ¿Qué me dices, Gertrudis, qué te parece mi ático? ¿No sientes la concinidad que desprende?

- Sí, la concina es muy numinosa
- Querrás decir luminosa
- Ay, Eutrapia, nunca llegaré a tu altura.


Guille:
-Oye, te dejo, luego hablamos, me voy a pegar un infusorio en la semicupio. 
-Como te sigas portando mal te voy a dar una congrua que te hará dar dos giróvagos y te dejará icástico.
-Yo soy un eutrapélico debido a mi legendaria polimatía y eso fomenta mi concinidad.
-Unas bragas inconsútiles me producen una sensación numinosa.


Ángeles
¿Qué es un bibliótafoAlguien que esconde su libros.
¿Y qué significa inconsútilAlgo que no está cosido.
¿Qué quiere decir icásticoQue la realidad imita.
¿Y qué será un semicupioUna bañera chiquita.
¿Qué cosa es un infusorioUn gusarapo que nada.
¿Y qué será la eutrapeliaLa virtud de lo que agrada.
Así el polímata me explicó el misterio de las palabras.

☀ ☀ 

Muchas gracias a todos por su estival colaboración.


viernes, 4 de agosto de 2017

Juego veraniego


Imaginen ustedes una historia, un cuento clásico en el que un niño sube al desván de su abuela y empieza a curiosear entre los trastos que encuentra allí. Al lado de una mecedora y de una lámpara de pie, el niño ve un baúl. Como es lógico, lo abre, y dentro, entre vestidos y libros antiguos, encuentra un juguete de lata. El juguete está oxidado, pero conserva sus colores y además tiene puesta una llave en forma de corazón. El niño le da un poco de cuerda y descubre que el juguete sigue funcionando, que se mueve y suena. Lo mira, lo observa, sonríe ante lo curioso que le resulta y se entretiene un rato. Entonces lo vuelve a guardar en el baúl. Quizá no vuelva a usarlo nunca, pero le gusta saber que está allí. Y sabe que, si quiere, podrá volver a cogerlo, enseñarlo a sus amigos y volver a jugar con él.

Lo que quiero proponerles hoy a ustedes es que juguemos con unos juguetes antiguos y algo oxidados, esos que hemos ido sacando de un baúl de vez en cuando y que ahora están repartidos por el blog como juguetes por el suelo de un desván.
Me refiero, claro, a esas palabras raras y olvidadas que han ido apareciendo por aquí en diferentes ocasiones y que nos han llamado la atención con sus peculiares formas y significados. Son juguetes del viento raros, es decir, palabras un poco extrañas como semicupio, infusorio, apotropaico, bibliótafo

En fin, la propuesta consiste en concreto en que elijan ustedes al menos dos palabras de la lista que les doy a continuación; y que esas palabras las utilicen en un breve texto (digamos entre 50 y 80 palabras, un párrafo similar a éste) que habrán de escribir dando muestra una vez más de ese ingenio, gracia y creatividad que caracteriza a los lectores de este blog. Y el texto podrá tener cualquier carácter (cómico, serio, fantasioso, realista, narrativo, biográfico, ensayístico…).

Son palabras raras, es verdad, y es difícil que podamos incluirlas en nuestras conversaciones. Así que el objetivo del juego es precisamente ése: sacarlas del diccionario y darles un poco de cuerda, para ver que siguen funcionando y entretenernos un rato con ellas. Además de los textos que escriban, creo que también resultará interesante ver qué palabras escoge cada uno. Puede que incluso descubramos que alguna es la favorita de la mayoría, o todo lo contrario.
  
Ésta es la lista de palabras que les propongo, y en caso de que quieran saber más detalles sobre ellas, cada una es un enlace a la entrada que le dedicamos en su momento:

-infusorio (célula o microorganismo que tiene cilios para su locomoción en un líquido)

-congrua (renta mínima que se paga a un clérigo para su subsistencia) 
  
-semicupio (bañera de medio cuerpo, baño de asiento) 

-giróvago (vagabundo; derviche) 

-eutrapelia (la virtud que modera el exceso  de las diversiones o entretenimientos;  la gracia inofensiva, el juego inocente; conversación amable y amena) 

-icástico (que representa o imita la realidad tal como es, como en el arte realista; lo opuesto a lo fantastico) 

-polímata (sabio, persona de grandes conocimientos de diversas materias)

-concinidad (armonía, elegancia, belleza de estilo, equilibrio)

-numinoso (aquello que nos sobrecoge y nos inspira; lo que nos da miedo y a la vez nos fascina, nos causa temor y al mismo tiempo nos atrae) 
  
-inconsútil (sin costuras, uniforme, sin fisuras) 
  
-apotropaico (aquello -palabras, amuletos, gestos, ritos- que se cree que aleja el mal o propicia el bien) 
  
-bibliótafo (persona que posee libros valiosos y los esconde y oculta a los demás)


Como siempre, pueden dejar sus textos en los comentarios a esta entrada o enviármelos al correo, durante los próximos quince días, es decir, hasta el 19 de agosto inclusive. Yo misma escribiré también un texto y en la próxima entrada los publicaré todos para regocijo general. 
Y como siempre, muchas gracias a todos por su interés.


juguetes antiguos old toys

domingo, 23 de julio de 2017

Tres historias de amor aproximadamente


 Repitiendo aproximadamente

Quería la misma habitación que la vez anterior. Quería repetirlo todo: la ciudad, el hotel y la habitación. Iba a repetir aquel viaje tres años después, pero esta vez sin su mujer. La vida a veces es cruel, ya se sabe, pero otras veces nos compensa con momentos de esplendor.

Al entrar en la habitación sintió que ella lo acompañaba esta vez también. Pero fue sólo una sensación momentánea. Sonrió. 
Dejó la maleta en cualquier sitio y se tumbó en la cama. Sin quitarse los zapatos. Volvió a sonreír.
Después llenó la bañera y se bañó en espuma: por fuera, de violetas; por dentro, de la cerveza del minibar.
Se tumbó de nuevo en la cama, esponjoso, y encendió la televisión, el canal de deportes. Y el servicio de habitaciones le trajo su cena de capricho.
Esta vez sí. Esta vez no había nadie dándole instrucciones todo el rato. Nadie prohibiéndole todo lo que a él le apetecía. Nadie quejándose por todo.
Levantó la copa de vino y dijo: “Por mí. Por fin”.

                                                                   
                                                                    💦💦💦


Así pasan las cosas

-Mira, Paco, esos dos.
Paco no mira ni dice nada.  Está sentado en un banco del paseo marítimo, sin levantar la vista del periódico. Su mujer, a su lado, observa a una pareja de jóvenes. Están sentados en el murete, espalda con espalda, tecleando con los pulgares sin levantar la vista de sus teléfonos.
-Fíjate, Paco. Yo no sé para qué van juntos...
Paco no responde ni levanta la vista.
-Ahí están, sin mirarse, sin hablarse… 

La mujer sigue observando a los jóvenes en silencio. Paco sigue leyendo el periódico.
Los jóvenes siguen tecleando:
-Qué pasada el concierto de anoche... -escribe ella.
-Sí, pero, ¿cuánto crees que nos durará la afonía?


 💦💦💦


 Corazón de piedra

-Pero, ¿le has hablado de tus sentimientos? ¿Estás segura de que lo sabe?
-Se lo he dicho todo. Le he dicho lo que representa para mí; que es la primera vez que siento algo así; que es el ideal con el que yo siempre había soñado… Pero no reacciona. Como si no me oyera.
-¿Tan frío es?
-Sí, muy frío. De piedra. Lo noto sobre todo cuando intento abrazarlo. Es que no se inmuta.
-Y si es tan frío, tan insensible, ¿cómo puede gustarte?
greek ancient art male statue-Tú lo has visto: es perfecto. El único defecto que tiene es esa falta de sentimientos.
-Sí, pero menudo defecto.  La belleza física no vale nada si debajo no hay algo más.
-Es que yo estoy segura de que sí hay algo más. Por eso lo sigo intentando. Llegará el momento en que se conmoverá, se ablandará, y se manifestará todo lo que yo sé que tiene dentro.
-Me recuerdas a aquel muchacho griego, ¿cómo se llamaba? Él consiguió lo que quería.
-Ah, sí, Pigmalión. Pero es que él tuvo ayuda de los dioses.
-Claro, así cualquiera.

                                                                         💦💦💦


(Aquí, otras historias)


martes, 11 de julio de 2017

Te propongo una cita


Como ya he comentado aquí otras veces, yo soy de esos lectores que subrayan o señalan párrafos y frases de  los libros. Unas veces los señalo porque me gustan  estéticamente, porque me parecen frases construidas con especial belleza, o tino u originalidad. Otras veces, porque son reflexiones que me resultan interesantes, bien porque nunca había pensado en el asunto de que se trate, bien porque el pensamiento que refleja el autor coincide con el mío propio (aunque yo nunca hubiese sabido expresarlo con el mismo acierto).

“Las palabras se encadenan, se ajustan unas a otras, no hay que perder el tiempo amoldándolas; seguramente hacía tiempo que se preparaban para un gran momento, y cuando aparecieran, como las imágenes de un sueño, surgirían de pronto y cobrarían sentido, convertidas en imágenes y frases […] El significado de las palabras no es sólo lo que significan sino el ámbito que iluminan. Uno se pone en marcha en la oscuridad iluminada por unas pocas palabras…”
 Sándor Márai. La extraña (1934)

El caso es que también me gusta, cada cierto tiempo, repasar (o releer) los libros que ya he leído, y volver a fijarme en los pasajes que en su momento señalé.
Algunas veces me encuentro con esos pasajes por sorpresa: no los recordaba y el tenerlos destacados dentro del libro me permite recuperarlos y volver a disfrutarlos.
Otras veces, al contrario, recuerdo un pasaje, la idea que allí se trataba, y voy directamente en su busca para deleitarme de nuevo con esas certeras palabras.

“Por primera vez en la vida atisbaba la horrible cuestión de la inutilidad de los sacrificios personales. Hasta entonces ni se le había pasado por las mientes poner en duda los principios heredados que había regido su vida. Pensar en el beneficio de los demás antes 
que en el suyo propio le había parecido natural y necesario, porque había asumido 
que eso implicaba la consecución de ese beneficio. Ahora se daba cuenta de que renunciar a las alegrías de la vida no garantiza la transmisión de esas alegrías a aquellos 
por quienes se ha renunciado a ellas.”

Edith Wharton. Las hermanas Bunner (1892)

El verano pasado compartí aquí con ustedes unas cuantas citas literarias que había releído en esos días, y, como les comenté entonces, cada una de ellas me había hecho pensar, de forma casi inconsciente,  en una persona determinada. Es decir,  fui asignando cada cita a una persona en particular, ya fuese de mi entorno real o de mi entorno virtual. Aunque esta diferenciación –dicho sea de paso- me parece un poco innecesaria,  porque para mí el entorno virtual es tan real como el que llamamos real. ¿O es que acaso ustedes no son personas de verdad?

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de ya no verlo. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, 
y hacerlo durar, y darle espacio.”

Italo Calvino. Las ciudades invisibles (1972)

Volviendo a nuestro asunto, hoy vengo a proponerles lo mismo que en aquella ocasión: que cada uno de ustedes me diga, si le apetece, cuál de las citas que traigo hoy le parece más interesante, más bonita o más afín a su pensamiento. Así veré yo si hay coincidencia entre la que cada uno elige y la que yo le he asignado previamente según lo que me ha dictado mi intuición.

  
“[…] algunos días son un tesoro. No muchos, pero creo que en casi todas las vidas existen unos pocos. Aquél figura entre los míos, y cuando me siento triste, cuando el mundo 
se me viene encima y todo parece sórdido y cutre […], evoco aquellos momentos, 
aunque sólo sea para recordarme que la vida no siempre es un juego de embaucadores. 
A veces los premios son reales. A veces son tesoros.”

                                                                                                                 Stephen King. Joyland (2013) 


Quizá quieran elegir más de una cita, así que adelante,  porque en realidad yo también he asignado más de una cita a una misma persona y una misma cita a más de una persona.

Espero que les apetezca este pequeño entretenimiento veraniego y les gusten las citas.
Gracias.
  

“[…] no había nadie en el pueblo que pudiera enseñar a los niños que la realidad no es sólo lo que el ojo ve, lo que el oído oye o lo que la mano puede tocar, sino también lo que está oculto al ojo y al contacto de los dedos, y que se revela a veces, sólo un instante, a quien busca con los ojos del espíritu, a quien sabe escuchar con los oídos del alma 
y tocar con los dedos de la mente.”

Amos Oz. De repente en lo profundo del bosque (2007)

“Todo en este mundo viene a parar en simple nimiedad, y el hombre que por voluntad de otros, sin seguir sus inclinaciones o su propia necesidad, se consume trabajando por el dinero o por los honores, será siempre un loco.”
J. W. Goethe. Werther(1774)
 
“La idiotez y la ignorancia de los hombres con los que tratamos sin cesar no sirve más que para agrandar en nuestro espíritu el valor de aquellos que tuvieron el coraje de su originalidad y que han desaparecido incomprendidos, avergonzados y ridiculizados por la multitud de los imbéciles.”

Octave Uzanne. “El infierno del caballero de Kerhani” (1884)

“Vivimos en una escala ascendente cuando somos felices, y una cosa lleva a otra en una serie interminable. Siempre hay un horizonte nuevo para aquellos que miran hacia delante. […] Ser verdaderamente felices depende de cómo empezamos y no de cómo acabamos, de lo que queremos y no de lo que tenemos. Una aspiración es una alegría eterna.

 Robert Louis Stevenson. “El Dorado” (1878)
❁ 





miércoles, 28 de junio de 2017

Agentes secretos

Dedicado a Sara

Siguiendo la propuesta que les hice a ustedes en la entrada de aniversario, nuestra amiga Sara me dejó en el correo una sugerencia.  Según me comentó, estaba leyendo en esos días una novela de Vila-Matas, y de esa lectura surgió el tema que me proponía para reflexionar: la relación entre espionaje y literatura.
En la entrada previa yo me había referido precisamente a este autor, y aunque Extraña forma de vida no la he leído, en lo que me comentaba Sara reconocí un sello característico de Vila-Matas: la íntima relación entre ficción y realidad y el escritor como “espía”.

Lógicamente, este “espionaje” literario no tiene nada que ver con el de los agentes secretos que se infiltran en algún ámbito para robar microfilms, o microchips, para grabar comversaciones comprometidas, ni cosas por el estilo. El espionaje al que nos referimos es algo mucho más sencillo: la observación de la vida.
Los personajes-escritores de Vila-Matas se toman muy en serio eso de la observación; son tan espías —ellos sí— que llegan a involucrarse (o inmiscuirse) en las vidas ajenas con la excusa de su literatura.
Sin llegar a esos extremos, que no dejan de ser un juego metaliterario,  me parece que sí, que el escritor es en cierto modo como un agente secreto. Un 007 que observa, indaga e investiga la vida. Que vigila desde las esquinas de la realidad, toma nota de lo que ve, y después analiza, medita y saca conclusiones. 
Y finalmente escribe un informe —la obra literaria— que presenta a aquellos para quienes trabaja —los lectores—.

Y creo que no puede ser de otra manera: la escritura se nutre de la realidad, y aunque luego el escritor la disfrace de ficción, la camufle con los aderezos literarios, lo que leemos sigue siendo la realidad. Incluso aunque  parezca irreal.

Cabría pensar que todos somos algo espías, y que por lo tanto, en este sentido, todos podríamos ser escritores; porque todos, de una manera u otra, somos observadores de la realidad; todos nos fijamos en lo que ocurre, en el comportamiento de los demás y en nuestras propias circunstancias. Y casi todos meditamos sobre ello y sacamos conclusiones, aunque ni siquiera nos demos cuenta.
Pero, claro, no todos escribimos después literatura. En realidad, muy pocos escriben literatura.

Dice David Foster Wallace que no es que el escritor "tenga más capacidad que el sujeto medio. Es que el escritor está dispuesto a distanciarse, a apartarse de determinadas cosas… y limitarse a pensar con todas sus fuerzas. Cosa que no todo el mundo puede permitirse el lujo de hacer.”
En esencia estoy de acuerdo con esto, pero me parece que D. F. Wallace habla con mucha modestia. Porque yo sí creo que los grandes escritores tienen más capacidad que el sujeto medio. Esto no significa que entre los “sujetos medios” no haya grandes escritores en potencia. De hecho los hay. Lo que creo es que, como ya hemos comentado aquí alguna otra vez, algunos escritores, sobre todo los más grandes, son personas con una especial capacidad para observar la vida y el comportamiento de sus semejantes; para ver algo más de lo que ve la mayoría;  para reconocer y comprender  los misterios de la mente y el corazón humanos.
Son, siguiendo con nuestra metáfora, “espías” de primera categoría, porque no sólo son lúcidos observadores sino que también dominan el arte literario. Saben, con las palabras, dar forma, estructura y contexto a los pensamientos y las emociones.

Por lo tanto creo que, en efecto, ese especial espionaje del que estamos hablando, la observación y el análisis de lo que nos rodea, es imprescindible para la literatura; porque es el primer paso para crear una historia, unos personajes, una trama. Aunque en muchas ocasiones no nos hace falta la gabardina ni ese cómico periódico con agujeros para los ojos que vemos en las parodias detectivescas. Porque a veces, quizá muchas veces, basta con espiarnos a nosotros mismos, pues estamos, cada uno, tan rodeados de circunstancias y tan poblados de emociones, y hasta de personalidades, que con eso nos bastaría para crear un mundo literario.


Algunos grandes del espionaje

jueves, 15 de junio de 2017

Ciento ocho


El próximo domingo, día 18,  Juguetes del viento  cumple nueve años.
Nueve años. Ciento ocho meses.

Y tengo una sensación extraña: por un lado me parece una barbaridad que un blog se haya mantenido activo durante nueve años seguidos, sin periodos de inactividad, y sin modificaciones significativas en su orientación y contenidos.

Pero, por otro lado, me parece lo más lógico del mundo. Porque para mí escribir y todo lo relacionado con el lenguaje y la literatura, es algo sustancial,  innato. Así que mantener un blog centrado en esos temas  se convirtió desde el principio en una actividad natural, una más de mi vida cotidiana. Tanto que si no escribiera en el blog cada diez o doce días me sentiría rara, me faltaría algo importante. Para empezar, me faltaría la compañía de ustedes.
He pensado algunas veces que, como nada es eterno, en algún momento el blog quedará inactivo; pero intento imaginar qué razones podrían llevarme a abandonarlo y de momento no se me ha ocurrido ninguna. Se ve que no se me da bien imaginar catástrofes.

Tampoco se me dan bien los números, para infortunio mío, pero al meditar sobre este noveno aniblogsario no he podido evitar pensar en unas cuantas cuestiones numéricas. Por ejemplo, que en estos nueve años he publicado  doscientas setenta y seis entradas. No parece mucho, pero supone más de treinta al año, y eso ya sí me impresiona un poco; que en este último año bloguero han sido exactamente,  sin incluir ésta, treinta y cinco, es decir, una media de tres entradas al mes, que me parece que tampoco está mal; y que cada entrada tiene, por término medio,  dieciocho comentarios.

Se supone que las estadísticas están para sacar conclusiones de ellas, pero en este caso, estas comprobaciones las he hecho sin objetivo alguno, por mera curiosidad. Porque en realidad esas cantidades  no importan. Sean muchas o pocas las entradas publicadas; sean muchos o pocos los visitantes y los comentarios, a mí lo que me importa de verdad es seguir escribiendo; y que a ustedes, lectores, les agrade, claro está, para que, por lo que de mí depende, no falte su presencia y sus comentarios sigan siendo tan interesantes, inteligentes, ingeniosos y alentadores como hasta ahora.

Y como una forma de celebrar este nuevo aniversario bloguero, quisiera plantearles algo que se relaciona directamente con todo esto. La cosa consistiría en que durante los próximos doce meses me propongan, aquellos de ustedes que lo deseen, un tema en concreto sobre el que les gustaría que yo escribiese una entrada. Habrían de ser, claro, temas relacionado con los asuntos propios de este blog, ya saben: los libros, la literatura, el lenguaje, la escritura, la lectura, las palabras… en fin, el tipo de entradas que aparecen en  Juguetes del viento y que ustedes conocen bien.
Si les gusta la idea pueden ir dejándome sus sugerencias, peticiones o propuestas en cualquier momento, en los comentarios de cualquiera de las próximas entradas y a partir de ésta misma, o, si lo prefieren, en mi correo.
Para mí supondrá un reto difícil pero apasionante, y espero que para ustedes sea una forma interesante de sentirse parte, aún más, de este blog.

Para terminar solo añadiré algo que ya he dicho muchas veces: que los comentarios son la savia vital de los blogs y que, en particular, los comentaristas que vienen (o han venido) a Juguetes del viento convierten este blog en un lugar privilegiado.
Y así me siento yo. Por eso los llevo a ustedes en el corazón. 
En sentido figurado y literal.



¡Muchas gracias a todos!