martes, 11 de julio de 2017

Te propongo una cita


Como ya he comentado aquí otras veces, yo soy de esos lectores que subrayan o señalan párrafos y frases de  los libros. Unas veces los señalo porque me gustan  estéticamente, porque me parecen frases construidas con especial belleza, o tino u originalidad. Otras veces, porque son reflexiones que me resultan interesantes, bien porque nunca había pensado en el asunto de que se trate, bien porque el pensamiento que refleja el autor coincide con el mío propio (aunque yo nunca hubiese sabido expresarlo con el mismo acierto).

“Las palabras se encadenan, se ajustan unas a otras, no hay que perder el tiempo amoldándolas; seguramente hacía tiempo que se preparaban para un gran momento, y cuando aparecieran, como las imágenes de un sueño, surgirían de pronto y cobrarían sentido, convertidas en imágenes y frases […] El significado de las palabras no es sólo lo que significan sino el ámbito que iluminan. Uno se pone en marcha en la oscuridad iluminada por unas pocas palabras…”
 Sándor Márai. La extraña (1934)

El caso es que también me gusta, cada cierto tiempo, repasar (o releer) los libros que ya he leído, y volver a fijarme en los pasajes que en su momento señalé.
Algunas veces me encuentro con esos pasajes por sorpresa: no los recordaba y el tenerlos destacados dentro del libro me permite recuperarlos y volver a disfrutarlos.
Otras veces, al contrario, recuerdo un pasaje, la idea que allí se trataba, y voy directamente en su busca para deleitarme de nuevo con esas certeras palabras.

“Por primera vez en la vida atisbaba la horrible cuestión de la inutilidad de los sacrificios personales. Hasta entonces ni se le había pasado por las mientes poner en duda los principios heredados que había regido su vida. Pensar en el beneficio de los demás antes 
que en el suyo propio le había parecido natural y necesario, porque había asumido 
que eso implicaba la consecución de ese beneficio. Ahora se daba cuenta de que renunciar a las alegrías de la vida no garantiza la transmisión de esas alegrías a aquellos 
por quienes se ha renunciado a ellas.”

Edith Wharton. Las hermanas Bunner (1892)

El verano pasado compartí aquí con ustedes unas cuantas citas literarias que había releído en esos días, y, como les comenté entonces, cada una de ellas me había hecho pensar, de forma casi inconsciente,  en una persona determinada. Es decir,  fui asignando cada cita a una persona en particular, ya fuese de mi entorno real o de mi entorno virtual. Aunque esta diferenciación –dicho sea de paso- me parece un poco innecesaria,  porque para mí el entorno virtual es tan real como el que llamamos real. ¿O es que acaso ustedes no son personas de verdad?

“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de ya no verlo. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, 
y hacerlo durar, y darle espacio.”

Italo Calvino. Las ciudades invisibles (1972)

Volviendo a nuestro asunto, hoy vengo a proponerles lo mismo que en aquella ocasión: que cada uno de ustedes me diga, si le apetece, cuál de las citas que traigo hoy le parece más interesante, más bonita o más afín a su pensamiento. Así veré yo si hay coincidencia entre la que cada uno elige y la que yo le he asignado previamente según lo que me ha dictado mi intuición.

  
“[…] algunos días son un tesoro. No muchos, pero creo que en casi todas las vidas existen unos pocos. Aquél figura entre los míos, y cuando me siento triste, cuando el mundo 
se me viene encima y todo parece sórdido y cutre […], evoco aquellos momentos, 
aunque sólo sea para recordarme que la vida no siempre es un juego de embaucadores. 
A veces los premios son reales. A veces son tesoros.”

                                                                                                                 Stephen King. Joyland (2013) 


Quizá quieran elegir más de una cita, así que adelante,  porque en realidad yo también he asignado más de una cita a una misma persona y una misma cita a más de una persona.

Espero que les apetezca este pequeño entretenimiento veraniego y les gusten las citas.
Gracias.
  

“[…] no había nadie en el pueblo que pudiera enseñar a los niños que la realidad no es sólo lo que el ojo ve, lo que el oído oye o lo que la mano puede tocar, sino también lo que está oculto al ojo y al contacto de los dedos, y que se revela a veces, sólo un instante, a quien busca con los ojos del espíritu, a quien sabe escuchar con los oídos del alma 
y tocar con los dedos de la mente.”

Amos Oz. De repente en lo profundo del bosque (2007)

“Todo en este mundo viene a parar en simple nimiedad, y el hombre que por voluntad de otros, sin seguir sus inclinaciones o su propia necesidad, se consume trabajando por el dinero o por los honores, será siempre un loco.”
J. W. Goethe. Werther(1774)
 
“La idiotez y la ignorancia de los hombres con los que tratamos sin cesar no sirve más que para agrandar en nuestro espíritu el valor de aquellos que tuvieron el coraje de su originalidad y que han desaparecido incomprendidos, avergonzados y ridiculizados por la multitud de los imbéciles.”

Octave Uzanne. “El infierno del caballero de Kerhani” (1884)

“Vivimos en una escala ascendente cuando somos felices, y una cosa lleva a otra en una serie interminable. Siempre hay un horizonte nuevo para aquellos que miran hacia delante. […] Ser verdaderamente felices depende de cómo empezamos y no de cómo acabamos, de lo que queremos y no de lo que tenemos. Una aspiración es una alegría eterna.

 Robert Louis Stevenson. “El Dorado” (1878)
❁ 





miércoles, 28 de junio de 2017

Agentes secretos

Dedicado a Sara

Siguiendo la propuesta que les hice a ustedes en la entrada de aniversario, nuestra amiga Sara me dejó en el correo una sugerencia.  Según me comentó, estaba leyendo en esos días una novela de Vila-Matas, y de esa lectura surgió el tema que me proponía para reflexionar: la relación entre espionaje y literatura.
En la entrada previa yo me había referido precisamente a este autor, y aunque Extraña forma de vida no la he leído, en lo que me comentaba Sara reconocí un sello característico de Vila-Matas: la íntima relación entre ficción y realidad y el escritor como “espía”.

Lógicamente, este “espionaje” literario no tiene nada que ver con el de los agentes secretos que se infiltran en algún ámbito para robar microfilms, o microchips, para grabar comversaciones comprometidas, ni cosas por el estilo. El espionaje al que nos referimos es algo mucho más sencillo: la observación de la vida.
Los personajes-escritores de Vila-Matas se toman muy en serio eso de la observación; son tan espías —ellos sí— que llegan a involucrarse (o inmiscuirse) en las vidas ajenas con la excusa de su literatura.
Sin llegar a esos extremos, que no dejan de ser un juego metaliterario,  me parece que sí, que el escritor es en cierto modo como un agente secreto. Un 007 que observa, indaga e investiga la vida. Que vigila desde las esquinas de la realidad, toma nota de lo que ve, y después analiza, medita y saca conclusiones. 
Y finalmente escribe un informe —la obra literaria— que presenta a aquellos para quienes trabaja —los lectores—.

Y creo que no puede ser de otra manera: la escritura se nutre de la realidad, y aunque luego el escritor la disfrace de ficción, la camufle con los aderezos literarios, lo que leemos sigue siendo la realidad. Incluso aunque  parezca irreal.

Cabría pensar que todos somos algo espías, y que por lo tanto, en este sentido, todos podríamos ser escritores; porque todos, de una manera u otra, somos observadores de la realidad; todos nos fijamos en lo que ocurre, en el comportamiento de los demás y en nuestras propias circunstancias. Y casi todos meditamos sobre ello y sacamos conclusiones, aunque ni siquiera nos demos cuenta.
Pero, claro, no todos escribimos después literatura. En realidad, muy pocos escriben literatura.

Dice David Foster Wallace que no es que el escritor "tenga más capacidad que el sujeto medio. Es que el escritor está dispuesto a distanciarse, a apartarse de determinadas cosas… y limitarse a pensar con todas sus fuerzas. Cosa que no todo el mundo puede permitirse el lujo de hacer.”
En esencia estoy de acuerdo con esto, pero me parece que D. F. Wallace habla con mucha modestia. Porque yo sí creo que los grandes escritores tienen más capacidad que el sujeto medio. Esto no significa que entre los “sujetos medios” no haya grandes escritores en potencia. De hecho los hay. Lo que creo es que, como ya hemos comentado aquí alguna otra vez, algunos escritores, sobre todo los más grandes, son personas con una especial capacidad para observar la vida y el comportamiento de sus semejantes; para ver algo más de lo que ve la mayoría;  para reconocer y comprender  los misterios de la mente y el corazón humanos.
Son, siguiendo con nuestra metáfora, “espías” de primera categoría, porque no sólo son lúcidos observadores sino que también dominan el arte literario. Saben, con las palabras, dar forma, estructura y contexto a los pensamientos y las emociones.

Por lo tanto creo que, en efecto, ese especial espionaje del que estamos hablando, la observación y el análisis de lo que nos rodea, es imprescindible para la literatura; porque es el primer paso para crear una historia, unos personajes, una trama. Aunque en muchas ocasiones no nos hace falta la gabardina ni ese cómico periódico con agujeros para los ojos que vemos en las parodias detectivescas. Porque a veces, quizá muchas veces, basta con espiarnos a nosotros mismos, pues estamos, cada uno, tan rodeados de circunstancias y tan poblados de emociones, y hasta de personalidades, que con eso nos bastaría para crear un mundo literario.


Algunos grandes del espionaje

jueves, 15 de junio de 2017

Ciento ocho


El próximo domingo, día 18,  Juguetes del viento  cumple nueve años.
Nueve años. Ciento ocho meses.

Y tengo una sensación extraña: por un lado me parece una barbaridad que un blog se haya mantenido activo durante nueve años seguidos, sin periodos de inactividad, y sin modificaciones significativas en su orientación y contenidos.

Pero, por otro lado, me parece lo más lógico del mundo. Porque para mí escribir y todo lo relacionado con el lenguaje y la literatura, es algo sustancial,  innato. Así que mantener un blog centrado en esos temas  se convirtió desde el principio en una actividad natural, una más de mi vida cotidiana. Tanto que si no escribiera en el blog cada diez o doce días me sentiría rara, me faltaría algo importante. Para empezar, me faltaría la compañía de ustedes.
He pensado algunas veces que, como nada es eterno, en algún momento el blog quedará inactivo; pero intento imaginar qué razones podrían llevarme a abandonarlo y de momento no se me ha ocurrido ninguna. Se ve que no se me da bien imaginar catástrofes.

Tampoco se me dan bien los números, para infortunio mío, pero al meditar sobre este noveno aniblogsario no he podido evitar pensar en unas cuantas cuestiones numéricas. Por ejemplo, que en estos nueve años he publicado  doscientas setenta y seis entradas. No parece mucho, pero supone más de treinta al año, y eso ya sí me impresiona un poco; que en este último año bloguero han sido exactamente,  sin incluir ésta, treinta y cinco, es decir, una media de tres entradas al mes, que me parece que tampoco está mal; y que cada entrada tiene, por término medio,  dieciocho comentarios.

Se supone que las estadísticas están para sacar conclusiones de ellas, pero en este caso, estas comprobaciones las he hecho sin objetivo alguno, por mera curiosidad. Porque en realidad esas cantidades  no importan. Sean muchas o pocas las entradas publicadas; sean muchos o pocos los visitantes y los comentarios, a mí lo que me importa de verdad es seguir escribiendo; y que a ustedes, lectores, les agrade, claro está, para que, por lo que de mí depende, no falte su presencia y sus comentarios sigan siendo tan interesantes, inteligentes, ingeniosos y alentadores como hasta ahora.

Y como una forma de celebrar este nuevo aniversario bloguero, quisiera plantearles algo que se relaciona directamente con todo esto. La cosa consistiría en que durante los próximos doce meses me propongan, aquellos de ustedes que lo deseen, un tema en concreto sobre el que les gustaría que yo escribiese una entrada. Habrían de ser, claro, temas relacionado con los asuntos propios de este blog, ya saben: los libros, la literatura, el lenguaje, la escritura, la lectura, las palabras… en fin, el tipo de entradas que aparecen en  Juguetes del viento y que ustedes conocen bien.
Si les gusta la idea pueden ir dejándome sus sugerencias, peticiones o propuestas en cualquier momento, en los comentarios de cualquiera de las próximas entradas y a partir de ésta misma, o, si lo prefieren, en mi correo.
Para mí supondrá un reto difícil pero apasionante, y espero que para ustedes sea una forma interesante de sentirse parte, aún más, de este blog.

Para terminar solo añadiré algo que ya he dicho muchas veces: que los comentarios son la savia vital de los blogs y que, en particular, los comentaristas que vienen (o han venido) a Juguetes del viento convierten este blog en un lugar privilegiado.
Y así me siento yo. Por eso los llevo a ustedes en el corazón. 
En sentido figurado y literal.



¡Muchas gracias a todos!

jueves, 1 de junio de 2017

Otra quisicosa


Quizá recuerden ustedes que hace poco les hablé de una pregunta que me habían hecho, que me resultó difícil de responder y sobre la que, por cierto, entablamos aquí un interesante debate.
Pues bien, recientemente me han hecho otra pregunta sobre otro asunto peliagudo y que, cómo no,  me gustaría compartir con ustedes.

Vila-Matas Mac y su contratiempoMe contaba un amigo que unos días antes, paseando por su barrio, se había sentado en un banco con unos señores mayores a escuchar lo que hablaban; no por curiosidad indiscreta, sino por verdadero interés en las conversaciones de las personas de edad.
Y en esa actitud suya de pasear por el barrio fijándose en sus habitantes y hablando con ellos, me pareció que mi amigo era como un personaje de Vila-Matas, de quien precisamente en esos días estaba yo leyendo Mac y su contratiempo.

La cuestión es que mi amigo, recordando lo que hablaban aquellos señores,  sobre sus vidas, sobre la vida,  me preguntó: “¿Tú qué crees que nos aporta más, las pequeñas experiencias de cada día o leer obras literarias?”

En esta ocasión, al contrario que la vez anterior, respondí enseguida, pero sin comprometerme mucho, lo reconozco. Porque mi respuesta fue que las experiencias reales son, por supuesto,  insustituibles, pero que las obras literarias nos ayudan en gran manera a manejarnos en esas experiencias.

Por eso mismo, entre otras razones, nos gusta leer literatura: porque a través de las experiencias de los personajes aprendemos sobre las personas y sobre el mundo. Nos dan ejemplo de las actitudes que dan buen resultado y las que no. Vemos escenificadas situaciones, conflictos, muy diversas clases de relaciones humanas… Vemos, en resumen, modelos o "simulaciones" de situaciones y de comportamiento.


Todos los buenos libros se parecen en cierta manera,
ya que contienen más verdad que si hubieran ocurrido realmente,
y cuando terminas de leer uno, te parece que todo lo ocurrido te ha pasado a ti,
 y te pertenecerá para siempre.

-Ernest Hemingway-

Y así las páginas del libro, la  historia que leemos, se convierten en una gran ventana que nos permite una observación detallada y serena del mundo. O en un curso de formación emocional, en el que la teoría y la práctica se ven al mismo tiempo.
En la vida real necesitaríamos mucho tiempo para conocer a toda clase de personas y situaciones. En los libros, en cambio,  las tenemos todas, y nos sirven para comprender mejor las cosas que ocurren, las actitudes, las reacciones diversas que pueden darse en cada situación… Las historias literarias son, en este sentido, un muestrario de realidad vestida de ficción. La verdad disfrazada de mentira.
Por eso yo creo que la realidad y la ficción no se pueden desligar la una de la otra; que son consustanciales e inherentes la una a la otra. Que son, como la proverbial moneda, dos caras de una misma cosa. Porque la vida da origen a los relatos y los relatos explican  la vida. Por algo existen desde que el hombre tiene lenguaje y conciencia de sí mismo.


En los tiempos de las cavernas nuestros ancestros se reunían 
alrededor del fuego por la noche. Los lobos aullaban en la oscuridad, 
más allá del resplandor del fuego. Y una persona empezaba a hablar. 
Y contaba una historia, para que la oscuridad no nos diese tanto miedo.
                                                                 -“El editor de libros” (Genius, Michael Grandaje, 2016)-


El editor de libros GeniusComo ya comentamos hace tiempo en otra entrada, todo esto, que puede parecer una cuestión puramente sentimental, tiene en realidad una explicación científica. Y es que nuestro cerebro procesa y retiene mejor la información si ésta le llega con estructura narrativa que si la recibe como una mera comunicación de datos.

Por eso tantas veces vemos que la mejor manera de explicar algo es, sencillamente, mediante un ejemplo en forma de “historia”. 
Y creo yo que ésta es la razón por la que mi amigo se sentó a escuchar a aquellos hombres del barrio, y por la que a todos nos gusta que otras personas nos hablen de sus experiencias: porque al contárnoslas las están convirtiendo en historias.

Como decíamos en aquella ocasión, cuando el cerebro recibe una historia se ponen en funcionamiento no sólo las áreas que procesan el lenguaje, sino  también las que se activan cuando vivimos situaciones reales y las emociones asociadas a esas situaciones. Por eso una historia bien contada nos hace reír, llorar, indignarnos, compadecernos, etc, como si se tratase de hechos reales. 
Y esto, me parece a mí, indica que existe una relación indisoluble entre narración y existencia humana. Y entre lo que nos aporta una cosa y la otra.

Curiosamente, el protagonista de Vila-Matas tiene el afán de viajar al lugar donde hubiera nacido el primer relato de la humanidad; el afán de encontrar el origen de las narraciones, el primer cuento. Y lo más curioso de todo es que  un par de días después de esta conversación con mi amigo, leyendo ya las últimas páginas del libro, dice el personaje al escuchar una teoría sobre el origen de la vida:

¡El origen de la vida! Eso también debía concernirme a mí,
que tanto me interesa el origen de los cuentos.

Una vez más, y justo a tiempo, como me suele ocurrir, la literatura se utilizó a sí misma para confirmarme que algunas de esas ideas mías sobre la literatura no van mal orientadas.
Y creo que también me da la razón en que, tal y como sospeché, mi amigo es, en efecto, un personaje de Vila-Matas.






sábado, 20 de mayo de 2017

Palabras, palabritas, palabrejas


Ya saben ustedes que las palabras son como las personas en muchos aspectos. Bueno, en todos, diría yo.  Por ejemplo, hay palabras a las que conocemos muy bien, tratamos con ellas con frecuencia, y tenemos una relación de confianza con ellas. Incluso las queremos y nos enfadamos si alguien les falta al respeto.

Otras son palabras a las que sólo conocemos de vista; las reconocemos cuando las vemos pero en realidad no sabemos casi nada de ellas, de su intimidad. Es decir, de su significado.
También están las palabras traicioneras, que nos hacen creer que son una cosa y luego resulta que son otra; y las que nunca nos fallan, con las que siempre podemos contar… En fin, igual que hay personas de todo tipo, hay palabras de todo tipo.

En los últimos días me he encontrado yo con dos palabras curiosas, una a la que no conocía de nada y otra a la que sólo conocía de vista. Pero  resulta que, por raras que me parecieran,  las dos tienen parientes a los que todos conocemos.

La que no conocía en absoluto es congrua. La verdad es que al verla me resultó un poco estrambótica, un poco chocante. Muy chocante, en realidad, tanto que pensé que quizá era una errata. Me sonó a una mezcla de congrio y congruencia. Algo totalmente incongruente, por cierto.
Así que en seguida me puse a hacer averiguaciones sobre ella, como esas vecinas chismosillas que quieren enterarse de todo.
Y así supe que no había ningún error y que congrua es la “renta mínima” que se paga a un clérigo para su subsistencia.
La palabreja proviene del latin congruus, que significa “apropiado”, “adecuado”, “conveniente”, y es en realidad la mitad de la fórmula congrua portio, es decir, “la parte conveniente”.

Así que esa congrua que tanto me llamó la atención  sí tiene que ver con lo congruente y la congruencia, que no son otra cosa que “lo adecuado”.

Por el contrario, y como era de sospechar, lo que no pinta nada aquí es el congrio, porque ese pez tan feo no tiene que ver con congruus, sino con conger, que a  su vez se debe al griego gongros. Aunque, pensándolo bien, si se reparte un congrio entre varias personas, a cada uno le corresponderá también su congrua portio, ¿no? Bueno, ya me disculparán ustedes la tontería.

herbal tea infusiónLa otra palabra rara con la que me he encontrado en mis lecturas recientes, la que conocía de vista pero cuyo significado desconocía, es infusorio. Al verla, lo primero que me pregunté fue si tendría algo que ver con las infusiones. Pero, escarmentada por el caso del congrio, pensé que otra vez estaba dejándome llevar por la paretología, o etimología popular, esa especie de ciencia infusa que nos hace establecer relaciones incongruentes de parentesco entre determinadas palabras.
Vaya: infusorio, infusión, infusa… la cosa se complica.

El caso es que el diccionario me informó de que infusorio significa “Célula o microorganismo que tiene cilios para su locomoción en un líquido”. O sea, un gusarapo. Así que, me dije,  mejor que no tenga nada que ver con las infusiones.
Pero la cuestión es que entre la similitud de las dos palabras y que en los dos casos hay líquido por medio, el asunto se volvía muy sospechoso.
Sólo me quedaba recurrir a la etimología, a la verdadera, la científica, esperando que ambas palabras no tuviesen ningún antepasado en común.

Anton van Leeuwenhoek
Anton van Leeuwenhoek
preparándose una infusión
Y resulta que todo empieza con el verbo fundere, que además de “fundir” significa “derramar”.  Y que de fundere se deriva infundere, que significa “verter líquido en un recipiente” y de donde proviene “infundir”.
Por lo tanto, por culpa de los participios, el líquido que está “echado en un recipiente” está “infuso”, es decir, infusus,  infundido, de donde proviene la infusión.
Y lo peor de todo: lo que se echa junto con el líquido (por ejemplo, las hojas de tila) es lo infusorio.
Y así llegamos a  la desagradable conclusión de que el microorganismo, el gusarapo que se desplaza por el líquido elemento, y las reconfortantes bebidas de hierbas tienen un parentesco semántico irrefutable.
La culpa de todo esto la tiene el científico del siglo XVII Anton van Leeuwenhoek, considerado el “padre de la microbiología”, que fue el primero en observar esos bichejos y los llamó así, infusorios, con toda congruencia, pero con un poco de mal gusto.

Y volviendo a la otra ciencia, a la infusa, ya hemos visto que también es parte de la familia, porque se refiere a un saber  infuso, es decir, infundido, o  vertido en nosotros por alguna gracia divina, como quien vierte el agua en un recipiente.


En fin, una vez más se demuestra que cualquier palabra tiene tras de sí una historia interesante, y a su alrededor una serie de conexiones que a veces resultan de lo más curioso, inesperado y sorprendente. Que las palabras se funden, se confunden y se fusionan; que se infunden y se difunden; y que su efusión y profusión es siempre congruente y adecuada.



miércoles, 10 de mayo de 2017

¿Quién juega? Los resultados


En la entrada anterior propusimos un nuevo juego literario, que consistía en que yo les presentara el argumento de una novela para que ustedes imaginasen un desenlace, un final para esa novela.
Además, podían indicar si creían que dicho argumento correspondía a una novela real o si era inventado por mí, como otras veces.
Y el motivo final del juego es ver  cuál de esos desenlaces  se aproxima más al auténtico (es decir, al ideado por el autor, o por mí, si resultase ser inventado).

De los lectores que han opinado al respecto, *entangled*, Sara, Rick y JuanRa han pensado que el argumento es invento mío, mientras que Lan, Soros, Guille, Anónimo, Holden y MJ creen que corresponde a una novela verdadera.

Y así es, el argumento es de una obra real (y escrita por una mujer, como intuyó *entangled*). Se trata en concreto de la novela titulada As Far As Jane’s Grandmother’s, escrita por la autora británica Edith Olivier en 1928.


Como ya sabemos, la novela narra la historia de una joven, Jane Langdale, que ha vivido prácticamente recluida en casa, feliz en su mundo privado, pero dominada por su autoritaria abuela, la señora Basildon, que vive anclada en el pasado.

Un día Jane acude a  la fiesta de unos vecinos y descubre un mundo completamente nuevo, representado especialmente por el joven Julian, que le ofrece la posibilidad de una nueva vida, lejos de la abuela.
¿Qué hará Jane? ¿Aceptará la propuesta de matrimonio de Julian, o se quedará con su abuela? Si acepta o no, ¿cuáles serán las consecuencias?

Han jugado ustedes muy bien, ideando unos desenlaces muy variados e imaginativos. Esto, por cierto, hace pensar en cuántas  posibilidades diferentes se pueden derivar de un mismo argumento; en las múltiples historias o enfoques a que puede dar lugar una misma idea de partida.


Edith Olivier

En nuestro caso, Lan ha inventado un final muy sorprendente, en el que la joven pasa de ser una persona insegura, sometida a la voluntad de los demás, a casi todo lo contrario.

Y Soros ha imaginado otra transformación drástica, con un asesinato y un cómplice al que ella hace pasar por único responsable, dándole a la historia un tono de thriller dramático que recuerda a clásicos del estilo de Llamada a las doce o Su propia víctima.

También el desenlace de Sara, en el que también la joven acaba con la vida de la abuela para después para asumir su personalidad, hace pensar en un thriller clásico.

Todo lo contrario ha imaginado Guille, que ha pensado en la posibilidad de que nuestra protagonista se desentienda tanto de la abuela como del pretendiente, y se convierta en una joven independiente que vive su propia vida por fin.

Algo parecido propone Conxita, que convierte a Jane en una persona segura de sí misma y que no sólo se procura una nueva vida para ella sino también para la abuela, que se enamora y todo.

Igualmente JuanRa ha optado por darle un final feliz a la historia, con el reencuentro, al cabo de los años, de los enamorados, que por fin pueden vivir su romance.

Y también MJ se ha inclinado por una resolución feliz de la historia, en la que, sorprendentemente, acaban conviviendo  abuela, nieta y marido.

El que ha imaginado Anónimo se puede considerar un final feliz a medias, pues los protagonistas se aman y se casan, pero un secreto que comparten sin saberlo les impide ser verdaderamente felices.

Uno de los desenlaces más imaginativos es el de *entangled*, que vuelve a sorprendernos dándole un vuelco completo a la trama, transformándola en una historia de ciencia ficción en la que  todo lo que ocurre es producto de un estado mental patológico.

Holden también ha imaginado un desenlace de ciencia-ficción, aunque en este caso tendríamos más bien una novelita pulp o un guión de serie b, así de loca y encantadora resulta su historia.

Por su parte, Macondo ha imaginado un final algo triste, en el que Jane nunca consigue liberarse de la influencia de su abuela, ni siquiera tras la muerte de ésta, y sigue viviendo para siempre recluida en la mansión familiar.

Y también Rick ha imaginado que la joven elige quedarse con su abuela y rechaza la posibilidad de una vida diferente que le ofrece su amado, del que en realidad desconfía, contagiada del recelo de su abuela.

Y por fin, ¿cuál es el desenlace verdadero de esta historia? Pues bien, en la novela de Edith Olivier, la protagonista, Jane, no acepta la propuesta de matrimonio de Julian. Duda que pueda  ser feliz lejos de la protección y la seguridad que representa para ella su abuela; además, está segura de que la abuela no dará su consentimiento para la boda. Y ella es incapaz de hacer nada con lo que su abuela no esté de acuerdo.

Al cabo de diecisiete años y habiendo fallecido la abuela, Jane y Julian se reencuentran, nuevamente en una reunión social. En esta ocasión Julian le pregunta por qué no quiso casarse con él y  por qué no le permitió intentar ganarse la aprobación de la abuela. Y se siente irritado y triste por la sumisión a su abuela que ella sigue demostrando, incluso ahora que la anciana está muerta.

A pesar de esto, sienten que el amor vuelve a surgir entre ellos, y piensan que quizá este reencuentro suponga un nuevo comienzo.  Pero lo cierto es que pertenecen a mundos muy distintos. Julian comprende que aquella muchacha tímida, delicada y prudente de la que se enamoró es ahora una mujer anticuada y puritana, que ha asumido los prejuicios y la rigidez moral de su abuela. Y a ella, claro, él le resulta un hombre vulgar y de costumbres indecorosas.

Entonces, decepcionada y escandalizada por el comportamiento de los invitados más jóvenes, abandona la reunión y vuelve a casa, donde ahora reproduce el papel que antes desempeñó la abuela, aunque a ella le faltan la seguridad y el carácter que tenía la señora Basildon…

Me ha resultado interesante el hecho de que, aunque los finales imaginados por ustedes son muy dispares entre sí y respecto al original, hay sin embargo elementos en común en algunos casos. Por ejemplo, JuanRa ha atinado al imaginar un reencuentro de los protagonistas al cabo de los años; Sara y Soros aciertan en que Jane acaba adoptando la personalidad de la abuela.
Rick ha acertado en que la joven rechaza al pretendiente y se queda para siempre con la abuela, y en que ésta  no ve al pretendiente con buenos ojos, algo que también ha imaginado MJ
Y Macondo ha atinado mucho al imaginar que la protagonista nunca se libra de su dependencia emocional de la abuela, y que tras la muerte de ésta sigue viviendo  en la mansión, alejada del mundo, igual que lo estuvo siempre, y vestida de luto riguroso.

Así pues, si hemos de decidir quién se ha acercado más al desenlace verdadero de la novela, creo que estaremos de acuerdo en que han sido Rick y Macondo, que han señalado varios detalles esenciales. 

Ahora, por favor, comenten ustedes cuanto gusten, y digan también, si lo desean, cuál es el desenlace inventado que más les ha gustado, y si les gusta más, o menos, que el verdadero. 

Gracias de nuevo a Soros por la idea del juego, y a todos ustedes por su magnífica disposición para jugar, como de costumbre, y su excelente participación, como de costumbre.





Daye House


sábado, 29 de abril de 2017

¿Quién juega?


En una entrada reciente en la que jugamos, como otras veces, con argumentos literarios reales e inventados, nuestro amigo Soros planteó una variación del juego que nos pareció interesante. Así que, basándome en su idea, les propongo hoy que juguemos nuevamente.

En esta ocasión se trata de que yo les presente el argumento de una novela, a  partir del cual ustedes podrán imaginar un desenlace, que deberán relatar con un máximo de cien palabras.

Girl reading
Girl Reading 
Charles Edward Perugini (1839–1918)
Además podrán indicar también, como es habitual en nuestro juego, si creen que el argumento que les doy pertenece a una novela real o si ha sido inventado por mí.

Esto lo sabremos en una próxima entrada, y si resulta ser real, les diré cuál es la obra y su desenlace verdadero. Así veremos cuál de los imaginados por ustedes se acerca más al concebido por el autor de la novela. 
Y si resultase ser un argumento inventado por mí,  les diré qué desenlace había imaginado yo.

Después también podríamos decidir qué desenlace, de los ideados por ustedes, nos ha gustado más, y será interesante comprobar si el preferido coincide con el original (el del autor si es una novela real, o el mío si es imaginaria). 
  

Si les apetece jugar, como espero, podrán dejar sus comentarios con los desenlaces imaginados, durante los próximos diez días, es decir, hasta el  martes 9 de mayo inclusive. Y por supuesto, aunque no jueguen, sus comentarios serán tan bienvenidos como siempre.

Así pues, éste es el argumento que les propongo para este juego:

Una niña que ha quedado huérfana va a vivir a casa de su abuela materna. La mujer es dominante, y tiene una mentalidad anticuada y severa. Pero la niña se siente segura porque su abuela siempre tiene razón y siempre sabe lo que hay que hacer, lo que es conveniente y adecuado. 

La niña pasa su vida recluida en la casa y aunque es feliz, se convierte en una persona callada, reservada y solitaria, que cree que el mundo real, el mundo que hay fuera de la casa de su abuela,  es como el  de las novelas decimonónicas que lee.

Cuando es una joven de dieciocho años, una antigua  amiga de su madre la invita a una fiesta. Allí conoce a otras personas y empieza a descubrir un mundo nuevo, un estilo de vida que ella desconocía por completo y que nunca habría podido imaginar. Entre las personas a las que conoce hay un joven con el que entabla una relación y que llega a pedirle que se case con él.

Sin embargo, a pesar de estar enamorada, la joven duda, porque tiene miedo de ese mundo real, en el que teme no encajar y que le parece peligroso.  Piensa que quizá no pueda ser feliz fuera del único mundo que conoce y en el que se siente protegida ... 


Ahora es su turno: ¿cómo creen ustedes que podría terminar esta novela?


casa de Mark Twain