viernes, 18 de enero de 2013

Un hombre y dos burros


El año pasado leí una novela titulada La librería ambulante, (Parnasus on Wheels, 1917) de Christopher Morley.
En esta novela, que se desarrolla en Nueva Inglaterra a principios del siglo XX,  un hombre, el señor Mifflin,  viaja en un carromato tirado por un caballo. Su negocio es la venta de libros y su pasión la difusión de las ventajas de la lectura.
No hace mucho conocí la historia de otro divulgador de los  beneficios de la lectura, este de carne y hueso,  que en el siglo XXI cuenta prácticamente con los mismos medios que el de la novela, pero se enfrenta a mayores dificultades y peligros ( y eso que el bueno de Mifflin también sufre lo suyo).
En La Gloria, Colombia, una zona marcada por la violencia de grupos paramilitares y bandas de asaltantes,  un maestro de enseñanza primaria  llamado Luis Soriano va de un  lado a otro con dos burros. Uno se llama Alfa y el otro Beto,  y van cargados de libros.
Los sábados por la mañana, muy temprano, el maestro sale de casa con sus dos burritos libreros y una mesa plegable en la que ha pegado un letrero que dice “Biblioburro”.
Llega a aldeas aisladas, donde los niños tienen padres analfabetos y viven en casas en las que no hay un solo libro.
Al llegar, después de varias horas de camino a pleno sol,  abre la mesa portátil  y a continuación pone en el suelo un peculiar top manta de las letras, un picnic bibliográfico, con los libros que lleva ese día.
Los niños se ponen a curiosear. Algunos se sientan a leer allí mismo, o a escuchar leer al maestro o  a hacer los deberes de la escuela; otros se llevan algún libro en préstamo.
 
Un día el maestro escuchó en la radio a un periodista que hablaba sobre el libro que acababa de publicar, y le escribió pidiéndole que donara un ejemplar para su biblioteca ambulante.
 

El periodista, conquistado por este proyecto singular, lo dio a conocer en la radio, y gracias a esto, don Luis Soriano empezó a recibir donaciones de libros que llegaban de muy diversos lugares, y además una entidad financiera donó dinero para la construcción de una pequeña biblioteca en el pueblo.
Don Luis inició su biblioteca itinerante, hace más de una década, con los setenta libros que constituían su exigua biblioteca personal.
Hoy día, gracias a las donaciones, tiene casi cinco mil volúmenes, entre libros infantiles, libros de texto,  novelas, ensayos y enciclopedias. 

Al principio muchos se reían de él al verlo pasar con sus  burros y sus libros  y lo tomaban por loco.
En una ocasión se cayó de su montura y se partió una pierna, a resultas de lo cual sufre una cojera permanente.
En otra ocasión lo asaltaron unos bandidos que, al ver que no llevaba dinero, le robaron una novela.
A lo mejor la leyeron y todo, quién sabe.

Pero ni estas desventuras ni peligros mayores, como el de la guerrilla, arredraron a este valiente, que siguió adelante con su romántico empeño y que se emociona al ver cómo los niños a los que él enseña, son  quienes a su vez enseñan a leer y escribir a sus padres.
Es muy grato saber que su humilde y trascendente iniciativa ha ido poco a poco alcanzando reconocimiento internacional.
Por ejemplo, en 2010, la CNN le dedicó un reportaje en su sección CNN Heroes; en la BBC y el New York Times también han aparecido noticias sobre el biblioburro. Existe igualmente un documental cinematográfico titulado Biblioburro: The Donkey Library, y además en otros países como Venezuela y Etiopía se están llevando a cabo proyectos similares.
El compromiso de este auténtico maestro no es solo con la cultura y la alfabetización; es sobre todo un compromiso con el porvenir. Porque el conocimiento del mundo y de la vida que los niños adquieren a través de los libros, deriva, creo yo, en la conciencia de quiénes somos, cada uno y los demás. Y en esa conciencia probablemente está la fórmula mágica del respeto; y el respeto es, entre otras cosas, el antídoto contra la violencia.
 

22 comentarios:

Juann dijo...

Genial historia esta que traes hoy y magistralmente contada (como siempre), que a un tiempo me emociona y me indigna. Emoción por comprobar que ante el empeño y decisión de algunas personas cualquier adversidad es superable. Pero indignación también porque en este mundo globalizado de "tablets" e información inmediata, aún hay enormes bolsas de pobreza e ignorancia, cultivadas por los poderosos, que aún no han alcanzado unos niveles mínimos de dignidad económica y cultural.

Lan dijo...

Una bonita historia, una historia de amor limpio y sencillo.
Y, también, una bella conclusión por tu parte.
Gracias.

Soros dijo...

Impresiona saber que hay vidas tan productivas. Vidas que son un regalo para otros. Vidas con un sentido y en lugares tan reales que uno siente que la suya es casi una vida sintética, con pocas cosas naturales.
Me ha gustado mucho.

Sara dijo...

¡Me has hecho llorar de emoción, Ángeles! Y me quedo casi sin palabras para expresar lo que siento. Entre tú y los magistrales comentaristas que acuden a tu blog, lo habéis dicho todo.

Huelga decir que me ha encantado la entrada.

Todo mi cariño.

Ángeles dijo...

Juann, muchas gracias.
Ya imaginaba yo que una histora como esta te gustaría…
Parece que todo tiene que ser así siempre,¿verdad?, un difícil equilibrio entre los buenos y los malos.
Sí, impresiona lo que puede lograr una persona sola cuando tiene un empeño verdadero, por más adversiddes que se le pongan por delante.

Lan, me gusta mucho eso de “una historia de amor limpio y sencillo”.

Gracias a ti, siempre.


Exacto, Soros: vidas productivas, con sentido, útiles para los otros. Vidas heróicas, aunque suene a tópico.

Muchas gracias.

Sara, como ya he dicho otras veces, lo mejor de este blog son los comentarios
y las personas que pasais por aquí. Yo me felicito por ello a diario.

Un gran abrazo.

loquemeahorro dijo...

Me he emocionado, en serio que tengo lágrimas en los ojos.

Luis Soriano sí que es un heroe, en un mundo donde esa palabra se utiliza con demasiada ligereza.

Me alegra saber que ha ido consiguiendo apoyos y sobre todo que hasta los ladrones leen con él!

Manuela dijo...

Qué historia tan bonita, Ángeles. Con tu permiso la compartiré con un amigo que trae un bibliobús a mi pueblo.

Un abrazo.

bibliobulimica dijo...

¡preciosa entrada! para mí: estos son los verdaderos héroes, los que animan a que otros recuerden que hay maneras de viajar, y nuevas ideas que encontrar entre las páginas de los libros.

Llego aquí gracias a Loque, que me ha facilitado el enlace a mi correo.

Otro compatriota de este señor tiene una carreta literaria, que lleva por las calles de Cartagena y que estuvo en la FIL Guadalajara en el 2009 en un encuentro de promotores de la lectura.

Esos son los héroes de nuestros días, si Señor.

Un placer encontrar tu blog, Angeles.

Ángeles dijo...

Loque, me emociona que te hayas emocionado.
Y gracias por 'promocionar' esta entrada. Don Luis se lo merece.

Gracias, Manuela. Me encanta que quieras compartir esta historia. Qué trabajo tan bonito tiene tu amigo.

Bibliobulímica, el placer es mío.
Gracias por tus palabras, y espero que esta no sea tu única visita.

JuanRa Diablo dijo...

¡Qué maravilla de historia! Me ha emocionado profundamente. Otro ejemplo más de que la realidad supera muchas veces a la ficción, porque la labor de este hombre es casi una historia fantástica, un cuento con su moraleja de esperanza incluída.
Se la voy a hacer llegar a mi padre, que como sabes vive en Colombia, porque sé que le va a emocionar también.

Y es gracioso que muchos de esos niños podrán decir en adelante que aprendieron muchas cosas gracias a "unos burros" :D

Bravo por Don Luis Soriano, ojalá el mundo entero reconozca su encomiable labor, aunque se nota que llevando cultura y aprendizaje a los niños, ya se da por bien pagado.

loquemeahorro dijo...

La promocioné mucho, aunque solo haya comentado Bibliobulímica, me consta que se la leyeron (y se emocionaron) unos cuántos más.

Ángeles dijo...

Exacto, JuanRa: es una historia tan “perfecta” que parece un cuento.

Me ha encantado eso de que los niños podrán decir que aprendieron muchas cosas gracias a "unos burros" :-D

Y me encanta la labor de difusión que estais haciendo con esta historia, para que se conozca más la labor de este héroe sencillo y entrañable.

Y estoy segura de que a tu padre le gustará y se unirá a nuestro "club de emocionados" ;-)

Gracias!


Pues muchas gracias, loque
Creo que a don Luis Soriano le gustaría saber cuánta admiración y emoción ha despertado en nosotros su labor.

MJ dijo...

Espero que don Luis sepa que desde aquí cuenta con unos seguidores que se enorgullecen de su labor.
Es una historia preciosa, para un relato o una película :-) Y, como siempre, tú lo cuentas maravillosamente bien, con mucho sentimiento, el mismo que despiertas en tus lectores.
Besos.

Ángeles dijo...

Muchas gracias por tus amables apreciaciones, MJ, tanto por lo que respecta a la historia como por lo que me atañe a mí misma.
Besos.

Anónimo dijo...

Una iniciativa interesante: http://www.diariosur.es/v/20130128/cultura/libreria-paga-20130128.html

Saludos

Ángeles dijo...

Gracias, Anónimo.
Sí que es interesante. Me lo apunto en la agenda :-)

Anónimo dijo...

¡Jo! Esta entrada me la salté. ¡Y mira que es bonita! Esto si que es amor a la profesión y heroísmo
Debería servir de ejemplo para muchos hipocritillas que cuando queremos justificar nuestro puesto de trabajo, por ejemplo, decimos aquello de que nuestro trabajo es un servicio público, etc, siendo que, muchas veces de lo que estamos preocupados realmente, es de nuestro futuro.

carlos

Ángeles dijo...

Es cierto, Carlos, que con historias como esta nos podemos sentir apabullados y sentir que lo que hacemos nosotros no tiene ninguna importancia. Pero cada uno tiene un papel en el mundo. Lo importante es desarrollarlo con dignidad y pensar que, por insignificante que sea, siempre habrá alguien a quien le sea de provecho.

guille dijo...

Cuando sea mayor me dedicaré a eso.

En vez de en burro iré en mi mercedes de cuarta mano.

Ahora tengo que encontrar la zona en donde desarrollar mi ardua labor.

Tiene que haber niños, carretera asfaltada y wifi para mi mientras espero las visitas

jijijijijiji

Con tipos como ese hasta los burros aprenderían a leer.

A ti te tendrían que nombrar directora redactora de los informativos de la televisión nacional

Directora porque encuentras historia constructivas.
Redactora porque las cuentas mucho mejor que esos que salen a hablar pero no saben el idioma.

Una gozada... color azul con chispas amarillas.

Ángeles dijo...

Guille, no creo que te resultara muy difícil encontrar sitios donde desarrollar tu encomiable proyecto. Hasta me parece que es más fácil encontrar lugares con wifi que sin wifi, jeje.

Muchas gracias por tus palabras, tan amables como de costumbre (me estás acostumbrando mal, eh?), y por venir, una vez más, desde el futuro.

Me alegro mucho de que te haya gustado.

Conxita Casamitjana dijo...

oh qué preciosidad de historia, me ha encantado ese biblioburro y sobre todo ese hombre y sus ganas, gente así hace que no se pierda la esperanza. Mucho más se tendría que difundir la labor de este héroe anónimo, eso es amor y ganas de compartir con aquellos a los que de otra manera costaría mucho hacer llegar esos libros. Precioso, muchas gracias Ángeles por estas historias auténticas que emocionan.
Un beso

Ángeles dijo...

Conxita, me alegra mucho que hayas venido hasta esta entrada, porque yo suponía que esta historia te habría de gustar.

Como dices, estas historias -no sabemos cuántas similares habrá por ahí- son conmovedoras, y creo yo que inspiran y dan mucho que pensar.

Gracias y un beso para ti también.